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Viaje laberintico hacia la realidad desconocida por Elena Tardonato Faliere

Antonio Tabucchi organiza en su obra literaria un universo fragmentado donde todo es incierto enfrentándonos a una realidad inalcanzable, huidiza, laberíntica y misteriosa, cuya dominante ontológica constituye la base de su narrativa.

 


El mundo ficcional de Tabucchi presenta pluralidad de acontecimientos situados en ambientes lejanos en el tiempo y en el espacio, con múltiples voces narrantes, vivas y muertas, que se alternan en forma de diálogo, de cartas o en encuentros que se vuelven creíbles o inquietamente hipotéticos.
Los protagonistas en esta urdimbre poética, se enfrentan a una realidad complicada y sorprendente, diferente a la
esperada por motivos inalcanzables, y la vida es presentada como una cita o un viaje "recorridos insignificantes en la corteza de este planeta que a su vez viaja ¿pero hacia dónde?" dice uno de sus personajes.
Tal vez donde no exista el orden, y así los significados se vuelven múltiples, y las verdades pasan a ser simples interpretaciones.

El mundo que el narrador describe muestra de alguna manera el progresivo fracaso de la forma lógica de encontrar significado. Un personaje dice "Hay un orden en las cosas y nada acontece por casualidad; y la casualidad es ésta: nuestra imposibilidad de captar las verdaderas conexiones de las cosas que son la realidad". En cierta forma aparece una anarquía, una contradicción constante, un antagonismo de partes que se oponen y que obligan al lector a reflexiones metafísicas ¿Cuál es ésta realidad? Se cotejan fechas en el plano político que ubica con total prolijidad, pero el resto de este mundo es una pura construcción lingüística en antagonismo con el mundo exterior, y en ese mundo narrativo las palabras son las cosas. El tiempo pierde coherencia lineal y los personajes salen de la coherencia cronológica y el autor entra en el texto. El lector se mueve entonces en varios planos intertextuales confundido por la continua oscilación entre ficción y realidad para condensar las constantes del misterio y del juego en juego de espejos.

Podríamos denominarlo relato fantástico al analizar las categorías espaciales y temporales, al enfocar el nivel temático de la historia y el peritexto, en la problematización de la relación entre real y ficticio para concluir que la realidad es desconocida, sorprendente, complicada, diferente y alcanza un carácter polifónico.

Sotiene Pereyra, libro que ha sido llevado al cine con Marcelo Mastroianni en el rol protagónico, ofrece una nueva fase de este escritor ya consagrado por el entrelazamiento de elementos de continuidad con su obra anterior, y otros de innovación. La anécdota es muy simple: un viejo y vencido periodista de amplia experiencia, es responsable del suplemento cultural de un periódico de Lisboa, actividad que Pereyra sostiene alejado del mundo que se vive bajo la dictadura de Salazar. Este personaje incómodo, nostálgico, apolítico conduce una vida monótona, solitaria, refugiado en el pasado donde la dimensión de lo real permanece ausente de su vida. Su comunicación está apoyada en monólogos o conversaciones que sostiene con el retrato de su mujer muerta, o consigo mismo, o con el mozo que le refiere eventos externos, o con el médico que le explica las circunstancias internas de su cuerpo y de su actuar. Vive un presente asentado en su propia enajenación, sobre un dolor manso con pulsión hacia la muerte sin observar la enajenación colectiva que lo rodea marcada por los fascismos europeos, clima que llevará a la violencia.

En la redacción insiste en el detalle de la traducción de textos de autores de siglos anteriores ?Daudet, Bernanos, Balzac, Maupassant? hasta que a su oficina llega un joven que dice tener necesidad de colaborar. Pereyra le encarga entonces notas necrológicas de escritores aún vivos: D´Annunzio, Marinetti, comprometidos con el regimen fascista. La línea narrativa alcanza entonces coherencia en el paralelo de opuestos que se establece entre Pereyra y los escritores que traduce que están muertos pero vivos por la vigencia de sus ideas, y la línea del joven que escribe acerca de vivos que están muertos por la actitud ante la vida, a los que Monteiro Rossi, tal es el nombre del joven, agrega los nombres de García Lorca y Maiacosky, poetas muertos pero palpitantes, pertenecientes a la Revolución Rusa y a la Guerra española.

La relación se fortifica y se abre hacia la protección que brinda Pereyra a este joven, subyugado por una existencia alternativa, entusiasmado por su pulsión hacia la vida. Pereyra evoluciona al enfrentarse con sus contradicciones e inaugura un itinerario consecuente con sus actitudes éticas e intelectuales al tomar conciencia y elegir. Quedan revitalizados los principios que subyacían en él latentes y que son los que marcaran su vida de honestidad que las circunstancias habían apagado. Pereyra entiende según sostiene, que la acción escrituraria de los escritores no es inocente ya que el dueño del periódico lo llama para amonestarlo. Los hechos se precipitan con el asesinato del joven que Pereyra denuncia y sostiene en el suplemento de cultura, y emprende el viaje hacia lo desconocido y libre cargando sus recuerdos pero consciente de su lugar en el mar de la historia, así como el joven eligiera el suyo en la muerte por su responsabilidad de deber ser. Descubre en la acción que la literatura no es inocente ni gratuita.

Todos los capítulos abren y cierran con las palabras del título: Sostiene Pereyra en un presente continuo sin importancia de los tiempos verbales que giran dentro de cada capítulo que se mueven en una especie de caja ¿Ante quién sostiene Pereyra?¿ La policía? ¿El mundo? El verbo pertenece al léxico de la policía cuando el escribiente toma testimonio, y efectivamente todo está narrado en tercera persona. Se trata de un relato oblicuo donde el autor se limita al papel de intermediario pero su presencia expande una atmósfera especial a través del relato de sus sueños. Y siempre insistente aparece la investigación, la búsqueda de una explicación o de una identidad, siempre la sensación de exilio de un lugar que puede ser cualquiera.

Libro difícil de definir pues desborda en la inscripción a un género literario porque todo se mezcla y se cruza pero sí podemos afirmar que su obra rechaza el sentido cerrado y nos deja la incertidumbre, la inquietud.

En el trasfondo del libro la imagen solar de un verano en Lisboa, su patria del afecto, de sus calles, de sus bares, de sus olores, de sus colores, de sus comidas; en el transfondo también y de toda su obra la figura de Pessoa, su padre literario. Una imagen, un verano, una vida.

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