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Viaje al interior del cine por sus museos
por Joaquin Blasco

 

Una forma apasionante de invertir las vacaciones es viajar al pasado del cine que cobra vida en museos especializados. El mejor, entre los españoles, es sin duda el de Girona (colección Tomàs Mallol), pero felizmente están surgiendo por doquier a medida que los estudios sobre la arqueología del cine avanzan. Hace unos días visité el de la Cineteca belga, en Bruselas, que pese a sus reducidas dimensiones tiene una rica colección, interactiva, de artefactos de época. Esta vez les propongo asomarnos al de Turín, el más soberbiamente espectacular de cuantos conozco.
La Mole Antonelliana, en via Montebello, acoge el Museo Nacional del Cine - Fundación Maria Adriana Prolo. Proyectada como una monumental sinagoga por el arquitecto Antonello, ya desde las taquillas una escenografía de luces mórbidas ideada por François Confino nos introduce en las atmósferas de esa tiniebla parpadeante de las salas. Unas jaulas, parte de una exposición de temporada, contienen ahora las inquietantes cabezas de látex de los grandes monstruos del mundo horror.
El museo propone, a su vez, una excursión en el tiempo. La sección ‘Arqueología del Cinema’ despliega los inventos del précinéma: la física recreativa del movimiento, el nacimiento de la fotografía, la estereoscopía, la cronofotografía, las primeras películas de un par de rollos. La colección Prolo se centra en las prácticas espectaculares de los siglos XVIII y XIX: cerca de cien linternas mágicas, vidrios para linterna, mondo niovi (titilimundi) y varios modelos de cámaras oscuras del XVIII, vedute, teatro de sombras, además de documentos (grabados, pinturas, dibujos, cerámicas, abanicos, carteles) sobre el desarrollo y difusión de los espectáculos ópticos. La colección Barnes, de los hermanos John y William Barnes, ha enriquecido los fondos arqueológicos con raros materiales de procedencia inglesa: un lote de 100 linternas mágicas, más 2.000 vidrios de proyección y pioneros experimentos sobre imagen en movimiento.
La ‘Máquina del Cine’ muestra todos los engranajes de la producción de un film: la fase de ideación del argumento y el guión, los bocetos, la realización, las cámaras, los proyectores, artilugios de laboratorio… Un auténtico recorrido por los oficios del cine, trufado de herramientas y objetos testigos de tantas anécdotas de plató.
Y en el piso superior se abre la Galería de Carteles. Entre los más cotizados, dos ejemplares para el Cinématographe Lumière, aunque también pueden verse anunciadas obras maestras del mudo turinés (Cabiria, El fuego, El guante) y romano (Tosca, Assunta Spina, Thais). El sonoro se centra en Hollywood (El crepúsculo de los dioses, Ciudadano Kane, La dama de Shangai, Horizontes lejanos, Gilda, Cantando bajo la lluvia) y el cine clásico italiano, con carteles originales de Roma città aperta, Dos mujeres, Ladrones de bicicletas, Arroz amargo, La dolce vita, Ocho y medio, Obsesión, Senso, El gattopardo.
Pero el corazón espectacular del museo es el ‘Aula del Templo’, rodeado de diez capillas consagradas a los distintos cultos genéricos, con sus correspondientes decorados. En el centro, bajo la cúpula, los visitantes pueden distenderse en poltronas para ver escenas a ojo de pájaro en una gran pantalla, mientras sobre la cúpula evolucionan fantasmagorías sonoras. Una rampa helicoidal, que asciende como un celuloide, acoge las exposiciones temporales. La de este verano está dedicada a Marilyn Monroe, en el que sería su 78 cumpleaños: Marilyn and Friends, nutrida con los fondos de los hermanos Alinari y la Fondazione per la Storia della Fotografia, presenta 155 fotos inéditas de Sam Shaw en las que se desvela una Norma Jeane Baker frágil y contradictoria, que sin embargo se desplegaba radiante en los sets de Hollywood de los años 50. Junto a ella aparecen los actores con quienes compartió cartel o afectos.
Un ascensor central de vidrio, de vertiginoso sabor Blade Runner, nos transporta al templete de la aguja de la cúpula, desde donde se domina la vieja capital del Piamonte a 167 metros de altura, lo que hace que este museo sea, según sus promotores, “el más alto del mundo”.
Entre las colecciones señeras del museo están la de historia de la fotografía, con los daguerrotipos del archivo Ginestra, álbumes, enmarcaciones, cerámicas, carteles y diversos documentos iconográficos, o la de materiales de rodaje donados por los mismos protagonistas: los bocetos del escenógrafo Bonifanti, el traje del Gran Sacerdote en Cabiria, las acuarelas de Georges Méliès. Para el sonoro, el museo se ha hecho con vestuario de Lawrence de Arabia, Sangre y arena, Gigante, figurines, bocetos escenográficos para Lo que el viento se llevó o Doctor Zivago, dibujos de películas de Chaplin, decorados para Casanova di Fellini, El imperio contraataca o Aliens.
La cineteca del museo, fundada en 1942 por Maria Adriana Prolo, contiene más de 7.000 títulos. El fondo del cine silente italiano, aquellas viejas películas producidas por la Itala Film y Ambrosio, es el más importante del mundo, gracias también a la contribución de Giovanni Pastrone, uno de los fundadores del museo. El Fondo Prolo cuenta con 387 títulos entre los que destacan Gelosia de Augusto Genina, Maciste Alpino de Maggi y Borgnetto, La dama de las camelias de Gustavo Serena y hasta La guerra y el sueño de Momi de nuestro Segundo de Chomón. El Fondo Giovanni Pastrone, por su parte, aportó Cabiria, El fuego o La caída de Troya, y el Fondo Desmet, del Nederlands Film Museum, Los últimos días de Pompeya del propio Pastrone y películas cómicas de Cretinetti e Polidor.
La 20th Century Fox donó a la cineteca 95 filmes hollywoodienses, entre los cuales La túnica di Henry Koster, el primer Cinemascope de la historia, La tentación vive arriba de Billy Wilder, Cómo casarse con un millonario di Jean Negulesco, El diario de Anna Frank di George Stevens o El día más largo de Ken Annakin, Gerd Oswald, Bernhard Wicki, Andrew Marton y Darryl F. Zanuck. Pero no es menos importante el Fondo Anger, que incluye títulos de la vanguardia americana, y la cesión de la Cinémathèque Française de obras de Renoir, Chabrol, Resnais, Lungin y Kieslowski. El Fondo Dziga Vertov contiene 8 títulos de entre 1919 y 1930: Ninna Nanna, Kinopravda, La sexta parte del mondo, El hombre de la cámara y Entusiasmo. De la Globe Films International y Lux Film proceden El arpa birmana de Ichikawa, Dies Irae de Dreyer, Senso de Visconti, El brigante de Tacca del Lupo de Germi o La honorable Angelina de Zampa.
Otro motivo por el que merece la pena detenerse en el Museo del Cine es su Biblioteca Internacional de Cine y Fotografía ‘Mario Gromo’, que cuenta con 25.000 volúmenes (incluyendo textos de los siglos XVI y XVIII como La pratica della prospettiva de Daniel Barbaro o La perspective curieuse di Niceron) y unas 75.000 publicaciones periódicas, entre ellas tebeos y foto-cinenovelas de los años 30 y 40; pero también documentación de festivales, ciclos, exposiciones, carteles, fotografías y programas de mano. Para cinéfilos: tienen la colección completa de revistas históricas como Bianco e nero y Cahiers du Cinéma.
Y quienes se pregunten si además de todo mantiene el museo una actividad cineclubística, pueden visitar el vecino multicine Massimo, donde ahora mismo pasan toda la filmografía de Andréi Tarkovski, cuya etapa soviética ha sido restaurada por Lab80 a partir de los negativos conservados en MosFilm.

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