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LA FENOMENOLOGÍA REVISITADA

por Celso Rivas Balboa

 

ABSTRACT: In an attempt to capture the irreducible meaning of the phenomenon in itself, the central goal of the phenomenological approach is to bridge the gap between consciousness and the outside world of phenomena. This meaning is best achieved when the isolation of a fact is overcome and living experiences are opened to their peculiar meaning. This paper invites researchers to clarify what exactly mean phenomenon, phenomenological reduction (epoché) and essence, whenever we are interested in building up a rich, fresh and rigorous description of conscious phenomena. Phenomenon is whatever is given to consciousness in its peculiar being construed by the individual. Essence is the sheer meaning given to consciousness as bearer of intelligibility and being of things and qualities, in so far as the object is aprehended as perceived, remembered, imagined, thought, desired, etc. A phenomenological reduction (epoché) is a peculiar disconnection from asumptions and attitudes in an attempt to concentrate on the phenomena themselves given to consciousness. The final purpose is to envison the essence as a meaning being sustained as exactly given. Conducting an eidetic reduction is a kind of concentration on the essence of a living experience.
Researchers are invited to focus on phenomena as exactly given to counsciousness and to foster the sensibility and disposition to address the essence, from the beginning of their analysis. It is important to avoid considering essences as objective structures, fully elaborated and kept unchanged. All this amounts to saying that phenomenological methodology demands a great deal of consistency and training . The validity of findings through a phenomenological description is best attained by consulting peer researchers and carefully weighing their intersubjective opinions.
This paper is intended to clarify the proper adoption and utilization of the phenomenogical approach by resarchers in the qualitative methodology taking into considerations the peculiar and specific characteristics innate to this approach.

RESUMEN: El propósito que conduce el enfoque fenomenológico es unir la interioridad de la conciencia con la exterioridad de las cosas mismas, alcanzando el sentido irreducible del fenómeno mismo. El sentido se alcanza cuando se va más allá de la particularidad del hecho y se capta el sentido de las vivencias.
El trabajo se centra en esclarecer lo que significa fenómeno, reducción o epoché fenomenológica y esencia, para ayudar al investigador a llegar a una descripción rica, abundante y compartida de los fenómenos de conciencia. Fenómeno es todo lo que se da, presentándose a la conciencia como constituido por el sujeto mismo. La esencia es el puro sentido dado a la conciencia como inteligible o portador del ser de la cosa o cualidad. Esa cosa o cualidad se mantiene en la conciencia como objeto percibido, recordado, imaginado, pensado, deseado, etc.
La reducción fenomenológica es una suerte de desconexión de posturas o instancias, para luego concentrarse en los fenómenos dados a la conciencia y quedarse con la esencia como sentido constitutivo. La reducción es esa peculiar concentración en la esencia de una vivencia.
El alerta a los investigadores se centra en tomar el fenómeno como dado a la conciencia, en alimentar una sensibilidad o disposición a dirigirse a la esencia, desde el principio y en evitar considerar la esencia misma como una estructura objetiva, elaborada, acabada y definitiva.
La metodología fenomenológica exige dedicación y concentración además del respectivo entrenamiento. La validación de los hallazgos de una descripción fenomenológica se logra consultando a otros investigadores y sopesando el consenso intersubjetivo.

El trabajo que presentamos se propone clarificar el uso que investigadores del enfoque cualitativo pueden hacer de esta metodología tan interesante como delicada y exigente.

LA FENOMENOLOGÍA REVISITADA

Introducción

El presente ensayo se propone elaborar una guía y un mapa aproximado, en el intento por ‘visitar’ de nuevo un género filosófico que ha cubierto gran parte de este siglo. En este sentido, se quiere dilucidar brevemente qué es la Fenomenología y cómo se aplica su “método” en la descripción de los fenómenos de conciencia, en especial cuando se trata de vivencias consideradas relevantes para el crecimiento humano.
Nos colocamos dentro de la perspectiva cognitivo-existencial actual (Beck y Freeman, 1990) de la que aprovecharemos la tendencia dominante de esclarecer situaciones existenciales que pueden ser descritas de manera exhaustiva y profunda desde la Fenomenología.
La Fenomenología se propone superar el Psicologismo entendido como la reducción de los fenómenos humanos a “conductas” que pueden ser explicadas como respuesta de un organismo a estímulos (EOR) en situaciones controlables experimentalmente.
Se quiere superar igualmente la llamada introspección o percepción de fenómenos internos, entendida y explicada como un “darse cuenta de algo” perteneciente al sujeto.
La Fenomenología invita a derivar la “significación’de la experiencia vivida por un sujeto, manteniéndola como “neutral” respecto a lo que es interno o externo. La intencionalidad se dirige a la experiencia “aquí-ahora” para aprehender su “sentido” único. Esta“intuición’ del sentido es anterior y precede a la misma Introspección (Dartigués, 1975).

ESBOZO DE LA FENOMENOLOGÍA

El esbozo que presentamos se basa en una lectura de la obra “Ideas” de E. Husserl y va dirigida a quienes no están iniciados en la Fenomenología por provenir de campos del saber y de disciplinas diferentes a la Filosofía.
Dos parecen ser los propósitos que dominan en la Fenomenología como movimiento epistemológico y como enfoque filosófico, de corte cognitivo. Por una parte, se intenta unir la interioridad de la conciencia con la exterioridad de las cosas en sí mismas, por medio de un conocimiento más intuitivo que conceptual. Por otra parte, se mantiene la intención de ser estrictamente filosófico en el modo de reflexionar sobre los “hechos” (M.Ponty, 1969).
E. Husserl pone en evidencia que nuestra vida no está formada solamente por acontecimientos psicológicos en permanente cambio sino que, a través y más allá del hecho o evento psicológico, se manifiesta el “sentido” irreducible del fenómeno mismo. Para alcanzar este “sentido” se nos invita a ir más allá de las particularidades del hecho. Esta peculiar manifestación del sentido buscado más allá del hecho bruto, es lo que llamaremos con Husserl la “intuición de la esencia” como captación del sentido de una vivencia. Se postulará que la conciencia misma está orientada de manera originaria a este “sentido”.
La condición para llegar a esta “intuición del sentido” es superar la llamada “actitud natural” para colocarnos en presencia del “mundo” tal como lo vivimos, antes de toda postura crítica o reflexiva sobre esas vivencias (Dartigués, 1965,p.25).

Es importante, desde el principio, distinguir entre el “hecho” bruto que vivimos o experimentamos y aquello que “se nos da” y vivimos a través del “hecho” mismo. Lo que se nos da a través del hecho, según E. Husserl, es “algo” válido universalmente como la “esencia” o significado del hecho y, al mismo tiempo, algo concreto por cuanto se da a través de la experiencia.

Por otra parte, la Fenomenología, en última instancia, está dirigida hacia el “sí mismo” concebido como “lo que queda” del sujeto concreto cuando se dirige intencionalmente a su “mundo” para detectar quién piensa y quién constituye ese “mundo”. El “mundo” en Fenomenología no es concebible sino en cuanto es “constituido” por un sujeto o Conciencia, centro de referencia de todo fenómeno cognitivo. En fin de cuentas, la Fenomenología apunta a un “sí mismo” que llamará “conciencia pura” o “sujeto trascendental”. Es este “yo trascendental” el que responde por la significación de lo “dado” a la conciencia y es irreducible al yo psíquico. Mientras que la Psicología estudia la “mente” consciente como un “objeto” entre otros que se expresa en conductas observables, la conciencia a que se refiere la Fenomenología está más allá de los objetos y conductas observables y hace posible toda reflexión ulterior, incluyendo la psicológica. La Psicología, cuando intenta ser científica, se centra en explicaciones más o menos causales de fenómenos de conducta y se desinteresa de la naturaleza de los fenómenos en cuanto “dados” a la conciencia. Al prescindir de la descripción rigurosa de los fenómenos, no se logra superar la ambigüedad interno-externo de los mismos y se suelen reducir a objetos observables.

En fin de cuentas, la Fenomenología intenta rescatar el rigor de la Psicología misma al tratar por una parte, de resolver el dilema entre la interioridad y las “cosas” del mundo externo y, por la otra, de dirigirse al ámbito de la conciencia ”pura” como un”sí mismo” irreducible a la mente en cuanto sustentadora de sus contenidos psíquicos.

FENÓMENOS Y ESENCIAS

La mayor tarea que tienen que abordar quienes se inician en Fenomenología es la de precisar qué significa “fenémeno” de conciencia.
Lo que E.Husserl entiende por “fenómeno” no coincide con lo que las ciencias empíricas toman como fenómeno físico ni mental. Derivado del griego “pháinomai” (mostrarse, presentarse, brillar, aparecer), el fenómeno en este campo significa ante todo “lo que se da” presentándose a la conciencia, en cuanto “constituido” por el sujeto mismo. Por esto, se habla de fenómeno como “lo dado” (Das Gegebene), lo constituido, lo que se mantiene en la “luz” de la conciencia (Husserl, 1962, p.162).
Pues bien, ese fenómeno está provisto de un sentido inmanente a ese mismo “darse” y ese sentido esencial puede ser “intuido” por transparencia a través de la “cosa misma” en cuanto afecta sensorialmente al sujeto. Más allá de las particularidades de la cosa, de sus impresiones sensoriales, queda “dado” a la conciencia un “sentido” que atribuimos a la cosa materialmente percibida y que nos permite identificarla: es un sentido” ideado” en cuanto es “dado” de manera irreductible. Los fenómenos en cuanto “dados” a la conciencia, pasan a ser como el objeto “intencional” de toda descripción fenomenológica.

Hay “esencia” para cada cosa o cualidad, pero la esencia no es la cosa o cualidad, sino ese puro sentido dado a la conciencia como “inteligible” y portador del “ser” de la cosa o cualidad: para atenerse a esta “esencia” no se toma en cuenta la existencia real de la cosa o cualidad allá afuera. Por lo tanto, hay tantas esencias como “significaciones” sea capaz de producir nuestra conciencia. Independientemente de las impresiones sensibles, pero mostrándose a través de ellas, las esencias constituyen la armazón intangible del ser de las cosas y cualidades. Las esencias son aquella racionalidad inmanente del ser de cada cosa que la rinde inteligible. En este sentido, todo acontecimiento, cosa o cualidad que “se da” a la conciencia es una esencia real o posible. Pues bien, la Fenomenología se propone captar todas las significaciones verdaderas, tal como se dan a través de la experiencia, pero independientemente de condiciones ambientales. Por esto ellas mantienen su carácter de ser universalmente válidas, una vez captadas.
Para explicar mejor este punto debemos referirnos a la “intencionalidad” (Dartigués, 1975, p.23-24).
La característica constitutiva de la conciencia es su estar “referida” siempre a “algo”, dirigida hacia un objeto; pero este objeto no puede ser definido sino en relación a la conciencia misma. El objeto lo es siempre para un sujeto, o sea, que el objeto existe intencionalmente para una conciencia. Esto quiere decir que el objeto solamente tiene “sentido” de objeto para una conciencia, en cuanto su esencia de conciencia consiste en mantener una significación de manera intencional. Por esto mismo las esencias no poseen ninguna existencia fuera del acto de conciencia que las constituye y que, al apuntar hacia ellas, las capta en la intuición. La Fenomenología trata de describir el dinamismo del espíritu que confiere sentido a los objetos del mundo.

Veamos cómo, según el ejemplo de Husserl, funciona esta relación fenomenológica, en la descripción que él mismo elabora de un “manzano en flor” que veía en su jardín.
Cuando me refiero al manzano en flor que observo en el jardín, no parto ni de un manzano en sí del que nada sé, ni del manzano en mí en cuanto representado, pues en los dos casos perdería yo el contacto con el “manzano” mismo. Parto directamente de las cosas mismas o sea del “manzano” en cuanto percibido, de la vivencia original que es la percepción del manzano en el jardín.
El objeto es siempre un “objeto” percibido, recordado, imaginado, pensado, deseado, temido, etc., según el caso. Es así como la relación sujeto-objeto los concibe como “dados intencionalmente” ambos de manera originaria, o sea, como conciencia de “algo” y objeto para una conciencia.

El ejemplo del manzano en flor nos permite clarificar dos términos más, bien explicados por E. Husserl y fundamentales para la Fenomenología: Nóesis y Noema.
Se da el nombre de “nóesis” a cada una de las actividades intencionales de la conciencia y se llama “noema” al objeto “constituido” por esa actividad intencional. La correlación entre nóesis y noema, llamada también correlato noemático, se da solamente en la intuición originaria de la vivencia. Por este motivo la Fenomenología ha sido llamada la ciencia descriptiva de las esencias de la conciencia y sus actos (Husserl, 1962, p.210-233)
Con estas breves y concisas acotaciones sobre Fenomenología, ya podemos hablar del “método” aplicado por los fenomenólogos y del cual hacen uso abundantemente, a veces con impropiedades e inexactitudes, quienes investigan en las Humanidades y Ciencias Sociales.

LA REDUCCIÓN FENOMENOLÓGICA.

La clave para llegar a elaborar la descripción fenomenológica de la esencia que se manifiesta en una vivencia, es la de practicar la reducción o “epoché” en niveles sucesivos (Husserl, 1962,p. 64,68,73). La reducción es una suerte de “desconexión” de posturas o instancias que se asumen ingenuamente.

En primer lugar hay que desconectarse o liberarse de la llamada “actitud natural” que nos induce a admitir ingenuamente que todo lo observado está allá afuera, independientemente de lo que es “dado” a la conciencia. Esta primera etapa de la reducción funciona como una suspensión de la creencia en que las cosas allá afuera tienen una existencia propia, porque así lo aseveran las autoridades, las teorías, las opiniones y creencias propias y de la gente en general. Es una postura ingenua.
Una vez practicada esta desconexión, se pueden analizar y describir los fenómenos “dados a la conciencia”, en sus elementos concretos y materiales, derivados de las sensaciones y percepciones. Se atiene uno a todas las perspectivas sobre las cosas, a las instancias y relaciones en que se da una vivencia. El objetivo aquí es no perder la riqueza de los detalles y los escorzos captados en la sensación y percepción.

En segundo lugar, se practica la desconexión de lo que es escorzo, material, instancia ocasional, perspectiva pasajera, elemento accidental, para poner todo eso entre paréntesis (epoché), como no perteneciente a la “esencia’. De esta manera, lo dado se reduce a la “esencia” como sentido constitutivo del fenómeno que se da ahora en su pureza. Esta es la reducción “eidética” o concentración en la esencia, más allá de lo accidental, material y ocasional.
Esta puesta entre paréntesis nos permite concentrarnos en la “esencia” y describirla con toda la vividez, claridad y especificidad de que seamos capaces. Todo consiste en centrarse en el sentido que está siendo “dado” intencionalmente a la conciencia. Esa esencia “dada” se puede ahora describir exhaustivamente.
En tercer lugar, tenemos la reducción trascendental como punto de llegada del camino de la epoché en el intento por llegar a la conciencia pura. Veamos cómo se procede.
Como punto previo, recordemos que el “noema” es el correlato de la conciencia y tiene una vertiente irreal por cuanto, en el ejemplo, el manzano “percibido” no se encuentra en la conciencia. Es la intencionalidad de la conciencia la que nos permite descubrir un “objeto” que el sujeto no puede evidentemente contener materialmente. El manzano sólo existe como “percibido”, como puro “noema”, unidad ideal de los escorzos, sensaciones, percepciones sensibles y elementos materiales. Este es el material que se va modificando y complementando en las perspectivas sucesivas que tomamos sobre el mismo manzano. La realidad, la exterioridad y la existencia allá afuera del manzano, son estructuras que la conciencia intencionalmente elabora para ver el objeto ingenuamente tal como lo está viendo (Dartigués, 1975, p.33).

Dicho esto, veamos cómo funciona la reducción transcendental.
Si prescindimos (epoché) del “noema” como unidad o núcleo de lo constituido en la conciencia, nos remontamos al origen, sentido y substrato último del mismo “darse’, o sea, nos quedamos intuyendo la misma conciencia en su pureza de algo subyacente. Como resultado de la última abstención o epoché queda la vivencia de un sujeto dador de sentido o sea de un sujeto trascendental, que no se apela a nada más que a sí mismo.
Lo que se nos revela después de esta reducción es la conciencia puramente subjetiva y la esencia general del yo como ineludible porque trasciende, está más allá de la dualidad noético-noemática. Este residuo que queda es la conciencia como origen y fuente de sentido, liberada de todo contenido noemático. Es así como la reducción trascendental nos patentiza el yo que es un “si mismo” en estado puro.
Recordemos que nos hemos propuesto facilitar al lector el camino fenomenológico hacia el yo puro, el “sí mismo originario”, cuando se patentiza como raíz, principio y fuente del sentido del ser, que es mi ser consciente, en cada caso. Esta búsqueda va dirigida a la vivencia de sí mismo como conciencia originaria y trascendental, sin contenidos.

APORTES A LA METODOLOGIA FENOMENOLOGICA

Quienes se dedican a investigar en Ciencias Sociales y Humanidades, pueden encontrar una alternativa valiosa en el enfoque cualitativo. Una cuidadosa revisión de la Metodología de carácter fenomenológico sería apropiada, cuando se trata de describir las vivencias más profundas e interesantes del ser humano. Algunas acotaciones pueden ayudar a aplicar debidamente esta Metodología a la investigación sobre problemas vividos por individuos solos o en su grupo.

Primero, es imprescindible acostumbrarse a practicar la epoché en sus diferentes instancias. Suspender ante todo la postura natural que conduce a hacer aseveraciones respecto a la existencia real o no de aquello que vivenciamos, en cuanto existente “allá afuera”. No nos interesa afirmar o negar su realidad fenoménica. Luego, se suspende toda opinión, creencia o teoría estructurada acerca de cómo son las vivencias mismas objetivamente, cómo se comportan , cómo interactúan, cómo se generan y desaparecen. Ninguna de las teorías que sustentan aquí puntos de vista nos interesa ni nos afecta siendo nuestro propósito penetrar en las vivencias tal como son “dadas” a la conciencia. Por fin, suspender toda consideracion de los procesos vivenciales que no sean dados en la conciencia misma en presencia del “objeto constituido”. Con estas progresivas suspensiones y la respectiva concentración, será posible focalizar la esencia de lo vivenciado. Todo lo demás pasa a ser marginal, accidental y simple material de apoyo de lo que se patentiza como esencial.
Este proceso es como una limpieza mental que se nos exige para que la esencia de una vivencia pueda presentarse en la conciencia. Lentamente, pero con rigor y precisión, más allá de los escorzos se va “dando” la esencia como simple correlato intencional.
El ejemplo de la Novena Sinfonía (Beethoven) nos ayuda a puntualizar sobre este peculiar darse de lo esencial. La Novena Sinfonía mientras es ejecutada por un violín, una flauta, un piano, o toda la orquesta, es “percibida” como lo que es. La desconexión o epoché se da lentamente. Primero, se prescinde del hecho de que allá afuera se produzca “algo” externo real llamado la Novena Sinfonía. Luego, se prescinde de lo que nos han dicho y sabemos sobre instrumentación y orquesta, las escalas, la acústica, etc. Prescindimos también de los detalles de cada instrumento, del director de orquesta, etc. De todos estos aspectos, que nos impresionan y apoyan nuestra vivencia, nos desentendemos. De esta manera, la conciencia queda intencionalmente dirigida al “sentido” dado de la esencia misma de la Novena Sinfonía. Nótese que la esencia está dada e intuida “en y para la conciencia” como un correlato mental en una amplia y comprensiva percepción que la conciencia tiene para sí misma. En medio de todo lo accidental y material, uno exclama: “ Ésa es la Novena Sinfonía”. Ésa es su esencia.
Esta captación de la esencia, intuida, vista directamente más allá de los escorzos es el punto de llegada de la epoché, debidamente practicada. Esta esencia va a ser descrita detalladamente en su pureza y transparencia, de manera inconfundible, más allá de detalles que sirven de apoyo en su aparecer y darse a la conciencia. Se procede de esta manera en la descripción.
Primero. se describe con lujo de detalles todo lo que se nos da en la conciencia atenta. Cuenta mucho la riqueza y abundancia de perspectivas, escorzos, aspectos significativos que se derivan de las percepciones directas de algo específico: amado, olvidado, deseado, añorado, recordado, temido, odiado, etc. Una vivencia nítida y precisa. Todo el arsenal de detalles que se acotan es el apoyo material que conducirá a la intuición de lo esencial.
Si regresamos al ejemplo del manzano en flor, se comenzará por detallar el tronco, las ramas, las hojas, flores, colores, destellos, olor, formas etc. de manera vivaz y abundante sin perder detalles de lo que se nos da en la percepción. Después de agotados todos los detalles, nos desentendemos de ellos y nos dirigimos a lo que va quedando allí ante el sujeto que describe: la esencia misma del manzano en flor. Esta vivencia directa, transparente, lúcida, intuida como correlato mental del manzano en flor, es el punto de llegada o sentido del camino recorrido. Esa realidad “ideal” constituida en la Conciencia es la esencia.
Veamos qué ha sucedido. Ni la existencia del manzano en flor allá afuera, ni las sensaciones y percepciones tenidas, ni los detalles y escorzos del árbol nos interesan, pues ya nos sirvieron de material. Ahora se puede intuir la esencia y expresar el significado que ella tiene para la conciencia el manzano en flor en el jardín, en cuanto “dado” en su concretez y singularidad.
Si nos enfrentamos con vivencias individuales tales como recordar, imaginar, apreciar, amar, odiar, rechazar, etc. se destaca la importancia de llegar a lo “dado”en la conciencia (no allá afuera) y mantenerlo constituido como lo recordado, lo imaginado, lo apreciado, lo amado, lo odiado, lo rechazado, como la esencia y significado de ese algo de lo que hemos traspasado los elementos materiales. La Fenomenología subraya ese contacto intencional con el significado para la conciencia de ese algo que apunta a la esencia de una vivencia personal.
De capital importancia es la cuestión del “sentido” para la validez intersubjetiva de la metodología fenomenológica. Ese sentido, conferido por el sujeto que describe su vivencia no depende del sujeto ni de las circunstancias ambientales de la misma vivencia.
La Fenomenología sostiene que el sentido de la vivencia, que partió de un sujeto, sobrepasa al mismo sujeto en cuanto individuo, y es propio de la vivencia en cuanto descrita en su esencia. Se sostiene que cualquier otro sujeto capaz de practicar de manera análoga la misma epoché y descripción, llegará a captar el significado esencial de lo que allí se describe: se dará la intersubjetividad en la intuición de la esencia. Lo que coincide para diferentes sujetos, centrados en la descripción de lo dado a la conciencia como lo amado, lo recordado, lo imaginado, etc. es un sentido global mantenido intencionalmente por la conciencia del fenomenólogo. Lo que sucede es que la descripción fenomenológica de la esencia de una vivencia, bien llevada, hace “visible”o patentiza ese sentido irrenunciable de la vivencia en su pureza noemática, después de prescindir y astenerse de las particularidades que podrían provocar diferencias, opiniones, controversias y estimaciones contradictorias. La esencia es intuida como forma de consenso intersubjetivo: es la esencia del poder simpatizar con el relato de quien describe sus vivencias.

UN ALERTA A LOS INVESTIGADORES

Se puede observar que la utilización de la Metodología fenomenológíca por parte de investigadores de las Ciencias Sociales y Humanidades, no iniciados en Fenomenología, adolece de algunas fallas que pueden superarse.
Ante todo, no puede entenderse la epoché o suspensión como una renuncia a lo que conocemos sobre el ambiente, la herencia, el condicionamiento operante, la motivación, el aprendizaje. El poner entre paréntesis preconceptos, creencias, teorías y constructos convencionales se debe a que pueden operar como un sesgo a lo que se está describiendo.
Ése es el propósito y no otro: describir los fenómenos de conciencia sin inhibiciones , preconceptos o sesgos (Martínez, 1989, cap.8 ).
En segundo lugar, lo que suele tomarse como “fenómeno” en algunas investigaciones con esta metodología no debe reducirse a todo lo que es conocido por el individuo de cualquier manera: ideas, imaginaciones, emociones, sentimientos, temores, actitudes, etc.
El fenómeno en Fenomenología es aquello “dado-constituido-presentado” a la conciencia individual y no es una simple introspección. (Dartigués, 1975,p. 32,33,34).
En tercer lugar, se ha hablado de la percepción interna de una “estructura” mental, una especie de substrato global relativamente permanente e inmutable y se habla de constituyentes o partes integrantes de ese todo que se maneja como”unidad de sentido”. En el contexto de lo que hemos analizado, siguiendo a E. Husserl, nos parece que la esencia no es una estructura. Nos parece que las unidades de sentido y la estructura reflejarían algo “objetivo”, dado allá afuera, elaborado, como contrapuesto a la conciencia que lo constituye. Si estructura se refiere al noema, entonces habrá que mantenerla como correlato de su respectiva nóesis. No tiene existencia independiente.
Por último, sugerimos que se insista en crear una disposición o sensibilidad a dirigirse a la esencia, desde el principio de la búsqueda. La carencia de esta disposición para ver lo esencial detrás de los elementos materiales, sensaciones, sentimientos, etc. hace inoperante la acumulación de descripciones prolijas dentro de protocolos interminables. Recuérdese que se trata de dirigirse a intuir la esencia de lo amado, odiado, temido, simpatizado, recordado, etc. en cuanto dado vívidamente a la conciencia. Esta sensibilidad a dirigirse a la esencia de los fenómenos de conciencia puede incrementarse si se practica la centración focal en el significado de la vivencia. No bastará desglosar cuidadosamente las descripciones proporcionadas por los sujetos para encontrar un sentido global y elaborar unidades de sentido. El secreto está en mantenerse orientado al sentido esencial del fenómeno descrito. No es posible contar con experiencias vicarias de esta disposición tenaz de dirigirse a la esencia dada en la intuición: se da o no se da.
Esto significa que la Metodología fenomenológica exige dedicación y centración como un temple de ánimo de investigación. Se puede uno entrenar en este sentido y puede igualmente compartir con otros investigadores la marcha de la investigación. El intento por validar los hallazgos de una descripción fenomenológica, se realizan consultando a otros investigadores y sopesando hasta qué punto hay consenso intersubjetivo: este es el criterio de validación de una investigación fenomenológica.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS


Beck A.T. y Freeman A. (1990) Cognitive Therapy of Personality Disorder Guilford Press : New York

Dartigués André. (1975) La Fenomenología. Herder: Barcelona

Merelau-Ponty M. (1969) La Fenomenología y las Ciencias del Hombre Nova : Buenos Aires

Husserl Edmund. (1962) Ideas Relativas a una Fenomenología Pura
y una Filosofía Fenomenológica Fondo de Cultura Económica: México 2da.Edic.

Martínez Miguel M.(1996). Comportamiento Humano: Nuevos Métodos de Investigación.
Trillas : México, 2da. Edic.

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