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Alessandro Ceni, el hacedor de palabras

Conferenza tenuta all’Istituto Italiano di Cultura il 21 luglio 2004 a nome dell’Associazione degli italianisti venezuelani dal Prof. Alessandro Baldi in occasione della visita e lettura di poesie di Alessandro Ceni.

vedi le sedie di Alessandro Ceni>

 

 

ADIVe Associazione degli Italianisti Venezuelani

 

Señor Embajador, Señor Director, amigos todos

Las academias de cada época han intentado definir la poesía y una definición ha sido más exitosa que la otra. Si embargo, todavía hoy en día no existe acuerdo unánime con respecto a lo que diferencia el verso de la prosa, aunque todo el mundo reconozca que la poesía, a través de sus ritmos, sus sonoridades y sus alusiones, dice “algo más” que la palabra común y corriente. Hoy tenemos una oportunidad especial de sentir este “algo más” que la poesía implica porqué con nosotros está el poeta Alessandro Ceni que nos leerá sus versos y después intentará aclarar nuestras dudas y nuestras inquietudes. Les invito a que me acompañen en unas breves reflexiones que nos permitan aprovechar completamente esta oportunidad.

Un poeta es un hacedor de palabras: la palabra poesía procede del latín poësis que a su vez procede del verbo griego poiéó que significa hacer, producir. El poeta hace palabras para compartirlas porqué desde siempre su papel social es el de dar palabras a la voz de una comunidad entera. ¿Que quiere decir hoy en día compartir palabras? Romper el silencio al cual nos han condenado los medios de comunicación, por ejemplo. Al mismo tiempo las palabras hechas por el poeta no pretenden comunicarnos un mensaje o ser un coloquio, aunque lleguen a ser de alguna forma la respuesta que brota después de escuchar su propia voz y la de todos. Es decir, cuando el poeta logra asumir en la suya la voz de todos y consigue dialogar con cada uno íntimamente, su hablar se hace celebración ritual del mito de la palabra creativa que todavía, y a pesar de todo, existiendo. Lo sagrado que se asocia a la palabra poética se hace patente en la lucha del poeta contra el silencio al cual cada uno individualmente está condenado; mientras que lo misterioso asociado a la palabra poética consiste en que non es necesario que circule algún mensaje concreto para que haya poesía.
Para entender porqué el evento que presenciaremos en unos minutos tiene las características recién mencionadas le voy a sugerir un ejemplo. Una persona, considerada individualmente, está condenada al silencio porque para que haya palabra es necesario que se rompa el aislamiento individual y haya comunidad: si yo sé que nadie me escucha no grito; de la misma manera, si formo parte de una multitud y todo el mundo grita sé que tampoco nadie me escuchará, y no grito. Así que es necesario que todo el mundo calle para que desde el caótico devenir surja la palabra en la cual cada uno se reconozca, siendo palabra de todos y de ninguno, aunque se sirva de una boca para ser pronunciada frente a la comunidad: la palabra que surge del caos es la palabra poética y el poeta es él que a esa palabra le presta la voz. Para probar que el poeta no existiría si no hubiese una comunidad que le escuchase y compartiese con él su sentir, basta con ver que Alessandro Ceni está con nosotros y no encerrado en su estudio y a la vez con ver que nosotros hemos concurrido aquí acomunados por el deseo de oír la poesía a la que él prestará la voz. Sentir y reconocer la poesía en la voz del otro quizás sea primordial y más importante de cualquier conocimiento clasificatorio e historicista. La poesía de nuestro poeta es autentica y como tal se encuentra en continua evolución y por eso no pertenece completamente a su autor y se escapa de clasificaciones y definiciones que intenten atraparla.

Pero eso no quiere decir que se escape al juicio critico, todo lo contrario, provoca la critica genuina y sincera de quien de oyente pasivo pasa a ser activo artífice del cumplimiento de la poesía. Veamos en que consiste el papel creador del publico y como el papel del poeta sería manco si no hubiese publico. La poesía es un arte y como todo arte encuentra su cumplimiento en que alguien la aproveche contemplándola. Ya hemos visto como el caso de la poesía es especial puesto que el poeta presta su palabra creadora a algo cuyo sentido pertenece a una comunidad, y esto explica como nunca se renunció a la lectura pública de poemas y como en los últimos años se han multiplicado los encuentros con los autores. Ahora bien, si es cierto que la composición es el momento privado de la composición poética, se puede decir que, hasta cuando no se de ejecución en publico, la poesía no se manifiesta. Así como pasa con la música y el teatro, la poesía existe verdaderamente solo cuando alguien, dándole sonido, gesto y sentimiento, nos permite oírla y verla, estimulándonos a la vez para que entendamos su escritura simbólica y convencional. La ejecución de Alessandro Ceni es el gesto que saca de la privacidad sus escritos, que les da sonido y cumplida realidad poética: sólo con este gesto la escritura privada se convierte en obra de arte, en poesía. Además este gesto es un regalo que el poeta nos hace desprendiéndose de sus textos que, merced a su ejecución publica, se convierten en obra de arte con vida propia. Este regalo obliga al publico a tomar sus responsabilidades y llevar a cabo su propia interpretación. Desde el punto de vista del autor el don consiste en un doble desprendimiento porqué con su ejecución nos brinda sus versos y a la vez la tensión que significó aceptar que a través de su palabra se manifestara la poesía. De hecho no es que uno elija la poesía sino que es la poesía que elige la voz a través de la cual se dejará oír. De todas formas, el complejo y caótico fenómeno de la percepción de la palabra como poesía es cumplido a cabalidad si la ejecución por parte del autor de su propia escritura privada es reconocida por el publico como algo existente y vital. El publico, en cuanto reconoce en lo que ha escuchado la presencia y la energía de la poesía emite un juicio determinante y coopera a la construcción del evento estético en el cual la poesía, por unos instantes se hace materia sensible.

Pero el papel determinante del publico consciente y activo va más allá. Participar en un evento poético consiste en dejar a un lado el punto de vista propio para adoptar él del poeta, penetrar en el proceso de “formación” de su obra y entender las leyes por las que se ha guiado. De esta manera, el oyente penetra en el laboratorio del poeta y en cuanto “sienta” la poesía, y de esta manera haya contribuido a su manifestación, el mismo se habrá convertido en poeta. Además será capaz de juzgar si ha sido realizado lo que se pretendía realizar; será capaz de comparar realizaciones distintas entre si; será capaz de leer por su cuenta y sentir una vez más la poesía. El ejercicio de esta sensibilidad llevará al oyente a una gran empatía con el poeta hasta entender su pensamiento filosófico, cuyas ideas encuentran en el verso su equivalente sensible, emotivo, imaginario y sonoro. El paso sucesivo nos conduce a la orilla del abismo del otro y de su ser. Será suficiente asomarnos con autentico interés para hundirnos en las profundidades del pensamiento del poeta reveladas por su palabra y para comulgar con él sentimientos, emociones, imágenes, conceptos, verdades, el fluir del pensamiento y el brotar de la reflexión. Ahora bien, será dentro de esta empatía que se podrá sentir como la lengua de la poesía da nueva vida a lo que nombra y transforma pensamientos en sonido. Es así que escucharemos, veremos y contemplaremos al mismo tiempo la transparencia cristalina del pensamiento che en su perfección cobra belleza artística. Desde ahora en adelante la poesía existe delante toda la comunidad de los oyentes y aparece como algo esencial e insustituible. El milagro se ha cumplido una vez más, la intuición nos ha fulgurado. Hemos intuido que la palabra poética, proferida por la poesía a través del poeta, no dice, no contiene, no transmite: es pensamiento en el acto de desvelarse.

Para concluir, cabe decir que en Italia, como en todo el mundo, se observa un importante repunte de la poesía tanto en la escritura, como en las publicaciones y en las lecturas publicas y el fenómeno no sorprende: en una época en la cual los contactos interpersonales, máxime las relaciones verbales, están sometidas a fuertes presiones mediáticas, las personas sienten que la lengua oficial aplana las diferencias individuales y locales para proponer una lengua estándar que no tiene en cuenta las exigencias de la palabra del individuo y de las comunidades. Pero las lenguas y las culturas que a través de ellas se expresan, han reaccionan a cada intento de homologación y homogenización recurriendo a remedios originarios: la poesía y el dialecto. Todo lo que existe y fluye, aunque no estemos conscientes de su existencia y no lo veamos, elige la poesía para ser nombrado y anunciarse a todo el mundo a través de una voz individual; mientras que elige al dialecto para que el individuo no deje de sentir las vibraciones que emana la tierra de sus padres.

Aquí terminan las reflexiones que he tenido el gusto de compartir con ustedes y espero que le sean de alguna utilidad para disfrutar con plenitud de las composiciones de Alessandro Ceni. Les agradezco su atención, quedo a completa disposición de cuantos quisieran seguir profundizando el tema y les recuerdo que la idea de “ejecución” como momento álgido de la formación de la obra de arte ha sido desarrollada a cabalidad por el filósofo italiano Luigi Pareyson en su ensayo “Estética” publicado en Milán por Bompiani en 1996.

Gracias.

Caracas, 21 de julio de 2004.

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