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Dolor y temor entre versos

Conferenza tenuta all'Istituto Italiano di Cultura il 4 ottobre 2005 a nome dell'Associazione degli italianisti venezuelani dal Prof. Alessandro Baldi in occasione della visita e lettura di poesie di Davide Rondoni.

 

 

 

ADIVe Associazione degli Italianisti Venezuelani

Señor Embajador, Señor Director, Davide Rondoni, amigos todos

Por segunda vez tengo el agrado de compartir con Ustedes los versos de un poeta italiano invitado en la Semana de la poesía, este año los de Davide Rondoni, y tengo el honor de prestar mis palabras para colaborar a crear ese clima especial que requiere la poesía para producirse. Para reconectarnos con el evento anterior, a fin de establecer una continuidad con el de hoy, quisiera recordar lo que Alessandro Ceni nos enseñó el año pasado. Si bien es cierto que los versos salen de la pluma del poeta, la voz que a través de esos versos nos llega no pertenece al mismo. Lo propio del poeta es abandonar cualquier defensa y obedecer a la voz que a través de él habla. La que habló por medio de los versos de Alessandro Ceni el año pasado, nos dijo cosas muy densas sobre nuestras creencias acerca de la imposibilidad de penetrar la oscuridad. Para recordar que quienes deambulan en un refugio para indigentes son nuestros hermanos, nos dijo, tenemos que arrojar luz sobre nosotros y sobre ellos. Cuando le preguntamos si era que con sus versos quisiese herir nuestras sensibilidades, nos respondió que su escritura obedecía a un dictado auténtico, genuino, verdadero. Nos enseñó que la voz que se sirve de los versos del poeta respeta la libertad de quien escucha, que puede silenciarla tan solo con proyectar sus tinieblas sobre su prístino significado. Eso es, si el que participa al evento poético se mantiene sordo, la voz no le llega, mas si escucha recibe iluminación.
Esta noche la voz de la poesía se servirá de los versos de Davide Rondoni: sus ritmos, sus sonoridades y sus evocaciones amplificarán ese “algo más” que la palabra poética nos dice con respecto a la palabra común y corriente. Sentir este “algo más” con el cuerpo, no entenderlo razonando, es lo que intentaremos hacer. Sentiremos las palabras hechas por el poeta, sentiremos la voz que las utiliza, sentiremos que estamos compartiendo todo eso. Compartir poesía es compartir las respuestas a las preguntas que el individuo nunca supo y pudo hacer. De hecho el individuo, en cuanto último elemento que queda de la fragmentación de la familia humana, es el grado extremo de separación. Y quien está separado ¿a quien pregunta? ¿Y de quien esperará una respuesta? La poesía disuelve la separación y al recibirla sentiremos unidad, que es lo que queda cuando se disuelve la separación. Junto con la voz que se sirve de sus versos, el poeta y nosotros compartiremos el instante en el cual se nos dará poesía.
Davide Rondoni ve lo cotidiano de un punto de vista cristiano católico y eso le lleva a percibir de forma casi mística los objetos y los evento que constituyen lo cotidiano. Aun así no siente haber todavía alcanzado su sentido profundo. He ahí que hacer versos es su manera de buscar sentido y parece ser, al mismo tiempo, una forma de expiación, es decir su manera de poner orden en sí mismo, de reconocer y aceptar el proyecto inmanente del cual percibe la existencia. Pero vamos a ver brevemente como estas ideas se articulan en unos poemas suyos que se pueden encuentran en su página web.
La voz che nos llega del poema Océano, cocina, por ejemplo, dice que nadie se salva solo: lo confirman las dudas que asaltan por la noche a quien vive en un condominio, en cuanto se le aparezcan los rostros de quienes le recuerdan que no siempre ha sido separado. Y al recordar eso, uno vuelve a vivir en sus hijos, en sus hermanos, en su familia. Pero ¿por qué aun así su identidad sigue inconsistente? Porque todavía tiene el hábito del dolor y del temor, porque piensa todavía estar sumido por el ego en un oscuro abismo. Y hasta cuando ya ha comenzado la salida de ese abismo, tiene miedo a la eternidad que se le ofrece, puesto que todavía cree que le haga daño lo que en realidad le salvará junto con sus hermanos. Es decir, la identidad de uno seguirá inconsistente mientras que el ego consiga hacerle creer que su vida está vinculada a su cuerpo físico y que se terminará con la enfermedad y la muerte de éste; seguirá inconsistente mientras que le sea difícil perdonar, olvidar y disolver los apegos.
A través del poema Conocer el respiro, exactamente la misma voz nos dice cosas sobre el amor. Quien ama respira junto con el amado, siendo el aire el alimento del alma. No solamente dice su amor compartiendo respiración, sino que también conoce y reconoce la unidad de la que forma parte: respirar junto con otro no es viaje sino contemplación. Es estar, al mismo tiempo en lugares distintos, en el eterno presente, que se convierte en oportunidad de renunciar al miedo de perder lo que nunca se perderá: la vida. Y la naturaleza de la vida se entiende completamente sólo acercándose a su fuente. Respirar juntos cura porque ayuda a cambiar nuestra forma de pensar. Mas, como respirar juntos es también compartir amor, además nos da perdón y sanación.
Encontramos un bello ejemplo de la percepción mística de lo cotidiano, a la que he aludido antes, en el poema Cuando la casa de noche. De noche la casa se convierte en el espejo en el cual se refleja el rostro cansado de la ciudad, cuyas luces artificiales no consiguen enmendar sus propias oscuridades que la convierten en algo hostil, incomprensible y angustiante. Compartiendo espejo con ese rostro urbano uno siente la necesidad de despertar, es más, de renacer, volver a empezarlo todo desde el principio. También en el poema La vida en los condominios, la voz que nos llega estimula a tomar conciencia del precio que pagamos par vivir en las ciudades deshumanizadas: nos conformamos con la separación. Y vivir separados en las ciudades deshumanizadas es la forma más concreta de alejarse del sentido de la vida. Nos damos cuenta de eso cuando en el edificio los niños han salido, cuando llega el cartero, cuando en el patio de luces se difunde el olor a sopa y las escaleras se ven por lo que son: jirones infernales que se tragan los que todavía no han despertado.
En el poema Hace falta paciencia en el amor la voz nos recuerda que es fundamental tener en cuenta el saber de las plantas, la memoria de los cristales, el alma antigua de nuestros niños, que nos enseñan el amor que se ha ido estratificando en los siglos. Nos recuerda que el amor, así como los milagros no reconoce grados de dificultad: se da todo al mismo tiempo. Así como no existe un milagro grande, pequeño o a medias, amor y milagros son o no son. De hecho el amor es un milagro. La cotidianidad es una escuela y hasta cuando no se aprenda la lección que nos imparte, tendremos otra oportunidad porque será repetida una y otra vez, hasta que hayamos aprendido. Quien aprende renuncia al miedo hacia el futuro, al dolor que reside en el pasado, vive el presente sin rencor, descansa y detiene lo que de otra forma sería el inexorable “morir de las cosas”.
En el poema Encontrar en la casa al regresar de madrugada se nos sugiere hacia que dirección tiene que desarrollarse nuestra conciencia: creemos que el tiempo exista de verdad y por eso nos apegamos a él, sentimos angustia porque pensamos que se nos escapa, nos sentimos náufragos porque el tiempo parece moverse como si fuera un océano. Pero basta con aceptar el amor que nuestros hijos nos devuelven, por ejemplo, para que las orillas de la eternidad se nos hagan al encuentro para rescatarnos de nuestro naufragio.
A Battista, Batìs es un poema en el cual es el poeta quien escucha y acepta la voz que llega a través de la obra de arte que es la vida de otro. Aquí se celebra la espera y la llegada del otro, que trae como regalo su punto de vista que ayuda en la difícil tarea de deshacernos del rencor; que nos cura obligándonos a torcer la mirada hacia la luz y a dejar de fijarnos en la oscuridad. En Miran mis hijos como un evento son los hijos que juegan el papel del otro, al obligar su padre a tomar conciencia de que no está separado. Las preguntas de los hijos arrojan luz sobre lo que un padre había olvidado saber: que está viviendo en la vida de sus hijos, máxime cuando, percibido por ellos como un rey, les brinda humildemente y amorosamente sus servicios.
En Suite por Irene la voz nos propone reflexionar sobre la muerte. La soledad de quien cree que la vida ya no le concierne es grande y es abismal el momento en el cual siente que ha llegado la hora de quitarse del medio y dejar puesto a otro. Pero si alguien piensa y actúa el suicidio, eso significa que el ego exige una expiación que ya no es rectificación, sino castigo y sacrificio de la vida. Entender eso ya de por si deshace el patrón por el cual nos hemos guiado cuando nos dedicamos a juzgar a los demás y eso significa que hemos renunciado a la mezquindad en favor de la grandeza.
Lo que hasta ahora he llamado genéricamente la voz de la poesía, en el poema Blues esta noche del viento adquiere una inconfundible identidad divina. Es la propia voz de Dios que en este poema se reconoce detrás de aquella exhortación a abandonar cada creencia en el tiempo. El cuerpo físico aprendiendo todo lo que pudo de la vida mundana, ha trasladado exitosamente nuestro cuerpo espiritual hacia las puertas de la eternidad, en donde Él nos está esperando para ayudarnos a entrar. El miedo a morir que nos enseñó nuestro ego se disolvería si sólo pensáramos que la muerte del cuerpo físico poco tiene que ver con nuestra verdadera vida, cuyo secreto es seguir sin necesitar de él. Entender eso sería entender quien abrazará al Padre que desde siempre está esperando por el momento en el cual su hijo le devuelva el abrazo; sería entender como con el Padre cooperamos en su tarea creadora con cada hora de nuestro trabajo. La voz de Dios Padre no viene sola: en el poema Caminabas en la callejuela con el agua la que escuchamos es la voz de una divinidad maternal. Su fulgurante visión se da en los destellos de un cielo desgarrado por los rayos del sol después de una tormenta y que se reflejan en un charco en el camino. Por ahí la visión penetra los ojos de quien está dispuesto a celebrar la vida como simultaneidad de seres vivos y mundos. Algo parecido pasa en el poema Te veo te veo, donde se percibe la plenitud del poeta al reconocer que forma parte de un proyecto trascendente y que en el mismo su identidad está garantizada por la visión límpida de lo que es la esencia de las cosas: una fuerza que todo lo mueve en nuestras mentes en forma de amor y que sigue siendo la única alternativa viable a la tiranía del tempo.
Gracias.
Caracas, 4 de octubre de 2005.


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