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Tras las puertas de la indiferencia etalla la palabra

Conferenza tenuta all’Universidad Metropolitana il 19 novembre 2004 a nome dell’Associazione degli italianisti venezuelani dal Prof. Alessandro Baldi in occasione della presentazione dell’ Antología poética «Antonia Pozzi. La Puerta que se cierra» a cura di Carmen Leonor Ferro

ADIVe Associazione degli Italianisti Venezuelani

 

Autoridades académicas, Señor Encargado Cultural de la Embajada de los Estados Unidos, maestro Igor Barreto, profesora Carmen Leonor Ferro, amigos todos,

es un gran honor para mi representar al Doctor Massimo Gilardi, Director del Instituto Italiano de Cultura, quien lamenta mucho no poder presenciar a este hermoso e importante acto, y es un gran placer pronunciar unas palabras en la presentación de la antología “Antonia Pozzi. La puerta que se cierra”, en cuya edición, que corrió a cargo de la profesora Carmen Leonor Ferro, colaboró el Instituto Italiano de Cultura.
Esta colaboración no es ocasional sino que constituye un acto debido a la comunidad italovenzolana y al País que generosamente la acogió y es parte de un programa de edición, promoción y difusión de producciones italovenezolanas e italianas. Esta colaboración se justifica por la existencia en esta tierra de gracias de un grupo de poetisas de origen italiano, o vinculadas a Italia, que constituyen una vanguardia empeñada en demostrarnos que antes fue la poesía y luego la palabra. Que antes fueron los sonidos y que solamente después de infinitas modulaciones estos sonidos se armonizaron en palabras significantes y referenciales. Que aun así ninguna palabra se despojó de su especial fuerza creadora de sensaciones, emociones, afectos, y que cada palabra evoca las imágenes que guarda celosamente en sí.
Todas estas poetisas tratan de revivir la significación prístina de las palabras a nuestros oídos heridos por el bullicio en el que nos estamos confundiendo y a nuestro espíritus desorientado por los señuelos de lo intrascendente. Así, tratándose de poesía genuina además de revivir las palabras y su fuerza creadora, se abren puertas y se arroja luz y verdad sobre los, las que fueron calladas por las tropelías de la historia.
Cuando Antonia Pozzi (1912-1938) tuvo algo que decir se la encerró tras las puertas de la indiferencia. Bien sabemos por el Eclesiastés que donde abunda sabiduría, en este vano mundo, abunda sufrimiento y mejor todavía la sabía Antonia. Sin embargo, cuando murió con tan solo veintiséis años no dejó baldío el capo de la poesía femenina italiana pues tenía siete años la poetisa que de cierta manera tomó el relevo: y también Alda Merini (21.3.1931) pagó con la segregación siquiátrica y con el castigo del electrochoque su empeño en decir las cosas como son y su obstinación de vivir en su propia carne el desgarro de las pasiones y en su espíritu él de la honestidad intelectual.
Actos como éste abren puertas y derrumban paredes, convirtiendo espacios académicos ensimismados en bucólicos vergeles en donde el delicado estruendo de la poesía prive sobre el rigor filológico.
Gracias por regalarnos esta velada.

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