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Amenaza del dumping asiático en Italia

Por Alejandro Castrillo

Italia era un país tradicionalmente agrícola que se industrializó de manera acelerada a partir de 1945. Las principales industrias son las manufacturas y la ingeniería. Hoy en día sólo el 7% de la población activa se dedica a la agricultura.
La mayoría de los agricultores vive en el sur, que es más pobre que el norte. Los principales cultivos de Italia son: remolachas (para la producción de azúcar), trigo, maíz, tomates y uvas. Italia exporta también manufacturas industriales sobre todo maquinaria industrial, automóviles, productos químicos, electrónicos y textiles. El turismo ocupa también un lugar preponderante dentro de la economía. El sector de servicios, sobre todo financieros y de comunicaciones tiene un papel cada vez más importante. Los resultados económicos de Italia son impresionantes ya que hay que tener en cuenta la escasez de materias primas. Todo el petróleo y la mayor parte de materias primas son importados. En los sectores de servicios y de manufacturas, las grandes empresas estatales han sido muy importantes y han permitido el crecimiento económico del país, sin embargo hoy en día estas empresas son menos útiles y se impone una privatización. El principal problema económico de Italia es el gran déficit del sector público que los gobiernos han tratado de controlar disminuyendo el gasto público. Este problema es bastante grave sobre todo dentro de la UE, la entrada en la unión monetaria estuvo bastante comprometida ya que Italia no cumplía con los criterios de convergencia en cuanto al déficit público. A pesar de esto Italia estuvo entre los países fundadores de a Zona Euro en 1999. Los principales socios comerciales de Italia son los países de la Unión Europea, los países de América Latina, Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudi y Libia.

Crisis económica y política en Italia

Italia se sumerge en la decadencia económica y la parálisis políticaEl mundo experimenta el mayor nivel de expansión de los últimos 30 años. Todas las regiones, y prácticamente todos los países, crecen al mismo tiempo. Italia no crece. El PBI italiano aumentó 0.0% en 2005, después de derrumbarse más de 1 punto tras el leve auge de 1.1% en 2004. El total estancamiento de la economía italiana no hace otra cosa que retomar el 0.0% del 2003. En los últimos 5 años, el PBI industrial de la península cayó 6.1%. Sólo 12% del total de las exportaciones italianas son productos de alta tecnología, la mitad del promedio europeo; Italia, consecuentemente, gasta en investigación y desarrollo (I&D) 1.1% del PBI, mientras la media del continente es 2%; es 3.2% en Japón y en EEUU casi 5%.
En estas condiciones, el crecimiento de la productividad de la economía italiana es nulo o negativo, mientras aumentan los costos de la producción. El resultado es que Italia pierde posiciones en el comercio internacional y caen sus exportaciones en términos absolutos. Alemania es su principal mercado y está en depresión estructural desde hace más de 10 años. Asia, y en primer lugar China, compite abrumadoramente con sus exportaciones industriales en sectores que antes fueron prácticamente su exclusividad: textiles, calzados y muebles. En los últimos 15 años, Italia ha sido el país de menor crecimiento de Europa, incluso por atrás de Alemania. La tasa de natalidad es una de las más bajas de Europa Occidental: 1.3 niños por mujer. Italia pierde población en términos absolutos, mientras aumenta el nivel de envejecimiento de su población. La tasa de actividad laboral es la más baja de Europa Occidental; sólo 57% de los italianos de entre 15 y 64 años de edad están empleados (la de Alemania es 66% y 73% en Gran Bretaña). Italia enfrenta, como toda Europa, pero de manera cada vez más paradigmática, las nuevas reglas de la competitividad internacional. Su nulo aumento de la productividad cae frente al salto estructural de la productividad norteamericana y sus exportaciones industriales se ven crecientemente desafiadas por las chinas, que tienen el mismo grado de perfección en el diseño (a veces el mismo), pero con costos 10 veces inferiores. Las crisis económicas que han sacudido a Italia en los últimos años han golpeado al gran capital y por sobre todo a los bancos. La puja de los grandes bancos europeos por entrar en el mercado italiano puso en evidencia la debilidad de los bancos de ese país y la necesidad de una “protección” por parte de las autoridades centrales. Mientras en los últimos años los precios de los productos industriales subieron un 15%, los costos de los servicios bancarios lo hicieron en un 42%. Este “impuesto” sobre el ahorro, y los costos que representa para las empresas, desataron polémicas por parte de los industriales que son muchas veces rehenes de esos bancos y que no verían mal una concentración del sector para que sus créditos sean menos caros y con menos extorsiones. Ya las quiebras de los gigantes alimentarios Cirio y Parmalat (detrás de las cuales estuvo presente Fazio) habían demostrado cómo los bancos “apretaban” a los dueños para quedarse con la propiedad de estas empresas, exigiendo los créditos sin fondos que les otorgaban sin parar, hasta ponerlos en “custodia” de los mismos bancos. El estancamiento económico italiano tiene su correlato en la parálisis de su sistema político. La crisis ahora afecta a la Segunda República, el régimen surgido tras el colapso de la Primera en 1992. El fin de la Primera República (1946-1992) fue el resultado directo de la terminación de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética (agosto-diciembre de 1991). Fue cuando las 3 repúblicas eslavas (Rusia, Ucrania y Bielorrusia) dieron por terminada la URSS; y menos de tres meses después, en febrero de 1992, la Justicia de Milán descubrió el sistema de financiamiento de la estructura política italiana vigente y conocido desde la década del 50 (operación “Mani Pulite”). Así concluyó la Primera Republica, un régimen estable, encuadrado por el Mercado Común Europeo y la OTAN, en el que se desplegó el “milagro económico” italiano posterior a la Segunda Guerra Mundial; y en la que la Italia destruida por la guerra dio paso a un crecimiento que fue superior en varios años al 10% del PBI anual. El “milagro económico” italiano fue resultado de la convergencia de los bajos costos laborales y el extraordinario aumento de la productividad que produjo el traslado masivo de la mano de obra del campo (Sur) a las ciudades (Norte). El “milagro” concluyó en la década del 90, junto con la Primera República. La Segunda, surgida en 1992, es un sistema bipolar, formado por dos grandes coaliciones de centro-derecha (La Casa de las Libertades) y centro-izquierda (Polo del Olivo), que concentran el 75% de las bancas del parlamento en Roma. El resultado es que los terceros partidos son irrelevantes; pero las pequeñas agrupaciones que integran las dos grandes coaliciones (4 de centro-derecha y 9 de centro-izquierda) tienen un peso decisivo, con derecho de veto sobre las decisiones políticas fundamentales. Por eso, las coaliciones italianas son amplias y relativamente estables, pero los gobiernos que forman son débiles e incapaces de gobernar. La OCDE estima que, en los últimos 15 años, la capacidad de crecimiento potencial de largo plazo del PBI italiano ha caído 1.5%. La PTF es negativa; como consecuencia, los salarios reales no aumentan, mientras que los costos laborales crecen significativamente. El resultado es que Italia pierde competitividad dentro del área Euro y más todavía contra los países fuera del área. Así, la participación italiana en los mercados mundiales es cada vez menor y sus exportaciones caen año por año, incluso en volumen. Italia experimenta una larga decadencia demográfica, económica y política. Una de las grandes civilizaciones del mundo se hunde, todavía lentamente, en una creciente irrelevancia. La historia de la península indica que Italia no cambia endógenamente. Requiere una crisis y la presión externa. La crisis se aproxima y “Cina e vicina” (China se acerca).

Dumping

El dumping es el término técnico usado en el comercio internacional, para calificar la venta de un producto en moneda extranjera, a precios más bajos que el mismo costo de producción, o por lo menos inferior a aquel a que es vendido dentro del mercado interno del país de origen. Esta práctica introducía un elemento de competencia desleal en los mercados internacionales, por lo que muchos países adoptaron leyes autorizando la imposición de gravámenes especiales "antidumping".
China viste a Europa


Desde la liberalización del mercado mundial del textil, la entrada masiva en Europa de piezas de ropa elaboradas en China hace tambalear a la industria textil europea.
Entre enero y junio de 2005, la entrada en Europa de algunas mercancías textiles procedentes de China aumentó en un 534%, según datos de la Comisión Europea. Las protestas de Euratex, la asociación que agrupa a los principales productores textiles europeos, y de países como Italia, Francia o España no tardaron en llegar. Para contrarrestar las quejas, la UE llegó a un acuerdo de limitación de las importaciones chinas de diez productos sensibles hasta 2008. Pero el conflicto del textil entre la UE y el país asiático se retomaba en agosto, cuando 80 millones de piezas de ropa elaboradas en China eran retenidas en puertos y fronteras de la UE por haber superado las cuotas establecidas. Después de un mes de negociaciones, Pequín y Bruselas llegaban a una solución: el contingente de ropa entraría en Europa y el excedente de stock se descontaría de las cuotas de 2006.


¿Quién se viste y quién queda desnudo con la ropa china?


Durante el año 2004, la UE vendió a China el equivalente a 514 millones de euros en productos textiles mientras que esta exportó a Europa una cantidad de ropa valorada en 16 billones de euros. El contraste es abismal y tiene más de una lectura. La entrada de productos textiles chinos no se puede considerar únicamente como exportación. Del contingente bloqueado el pasado verano, una gran parte eran encargos que las grandes cadenas de distribución europeas (Zara, H&M, Marks & Spencer...) habían hecho a China. Elaborar parte de su producción en países asiáticos para abaratar costes es una práctica que las convierte en uno de los pocos sectores del textil no afectados por el alud de mercancías chinas.
A otro nivel, sin embargo, la situación no es tan positiva. Las pequeñas y medianas empresas del sector de la confección de países como Italia, Francia, España, Grecia y Portugal, viven malos momentos. La crisis no es nueva, ya hace años que viven un claro retroceso, pero los efectos de la liberalización han agudizado su situación. En estos países, las estimaciones de pérdida de puestos de trabajo son escalofriantes: Francia podrá perder 7.000, España 70.000 e Italia, 200.000.
El textil y la confección, uno de los pilares de la economía italiana, sufre una grave crisis acentuada por la liberalización del sector y la existencia del “Made in Chinitaly”: los productos que los propios chinos inmigrados fabrican en el país de la bota. Ahora, la lucha de Italia se concentra en el etiquetaje y la mención del origen geográfico de las piezas de ropa, un requisito que la Federazione SMI-ATI (Sistema Moda Italia y Associazione Tessile Italiana) considera indispensable para ofrecer una mayor transparencia.
Francia, que tiene la segunda industria textil de Europa, suministra el 75% de su producción a países de la UE. El efecto de la entrada de productos chinos es evidente: pérdida de cuota de mercado con la consecuente desaparición de puestos de trabajo. En los últimos años ha habido una reducción anual del 10% de puestos de trabajo y este año se calcula que será del 12%.
La producción textil española, también sufre los estragos de esta crisis. Formada principalmente por pequeñas y medianas empresas, ha visto en los últimos años cómo cerraban muchas de ellas y desaparecían profesiones vinculadas a la confección de piezas de ropa. Una de las causas que han provocado la erosión del sector es la deslocalización que algunos gigantes europeos de la confección, como el grupo Inditex, que agrupa a Zara y Massimo Dutti entre otras marcas, vienen haciendo desde hace décadas. La estrategia de Inditex, que importa un 30% de sus productos de Asia, es una buena manera, según declaraba Víctor Fabregat, director de Centro Información Textil y de la Confección, a Expansión, de hacer frente a una crisis anunciada.

¿Amenaza china?

China es un inmenso mercado con unas peculiaridades que lo convierten en un competidor difícil. Lo que algunos ven como una oportunidad de negocio, otros lo perciben como una gran amenaza. Lo cierto es que el volumen de la producción china tiene el poder de desestabilizar los mercados en los que entra.
Muchos son los que ven el fin del mercado textil europeo si no se producen cambios inmediatos. Sin embargo, la realidad es que esta es una crisis anunciada. Desde hace una década estaba prevista la liberalización de este mercado. Observando el dinamismo económico chino, era previsible que se produjera un alud de productos textiles. De esta manera, podríamos pensar que las empresas europeas del sector no se han preparado lo suficiente para el nuevo escenario internacional.
En Italia, buena parte de las fábricas está cerrando de importaciones ilegales, provenientes de los países del lejano oriente en general, pero principalmente de China. Por otro lado, no hay que dejar de atribuir cierto grado de culpa a los propios fabricantes locales, que se resisten a producir calzados menos costosos, porque estaban acostumbrados a ganancias muy fuertes. No es lo mismo perder plata que ganar menos. El problema radica en que el costo de una suela, en Italia o en cualquier parte del mundo, equivale a un producto terminado que viene de China.

Panorama futuro

El Parlamento Europeo advirtió que la actual crisis textil con China por la avalancha de importaciones podría extenderse pronto al calzado, bicicletas, coches, piezas de maquinaria y siderurgia, y reclamó que se debería elaborar urgentemente una estrategia a largo plazo para que la industria europea pueda hacer frente a los desafíos planteados por la fuerza de la economía china.
En un informe aprobado por la comisión de Comercio Exterior de la Eurocámara, los parlamentarios piden a los países de la UE que reconozcan que los desafíos con los que se encuentran actualmente el sector textil y de la confección y el sector del calzado, y que afectarán a continuación a otros sectores como el de las bicicletas, los automóviles, las piezas de maquinaria y la siderurgia tienen un carácter estructural.
Por ello, reclaman que se elabore urgentemente una estrategia a largo plazo para la industria de la UE, de manera que la política comercial comunitaria pueda responder los desequilibrios que experimentan con China.
Los eurodiputados expresan también su preocupación sobre el impacto social y medioambiental de la expansión económica de China. En particular, recuerdan que China se ha convertido en el segundo país del mundo por consumo de energía y materias primas, pero también en el segundo emisor de gases de efecto invernadero. Por ello, solicitan a la Comisión que "reflexione sobre la manera más eficaz de negociar la introducción de normas sociales y medioambientales mínimas en los acuerdos comerciales, y se asegure de su puesta en práctica".


¿Qué hacer ante el dragón amarillo?

Las estrategias que ha adoptado la industria textil europea se han unificado mayoritariamente en una línea: potenciar el valor añadido de los productos, es decir, la calidad de los tejidos y el diseño. Quien no ha optado por deslocalizar o abrir mercados en Asia, no tiene otra alternativa que esforzarse por ofrecer un producto diferente y de calidad que esté por encima de la comparativa de precios y que pueda competir con la masificación de mercancías confeccionadas. En esta línea, se destaca la necesidad de desarrollar la investigación en los sectores textiles y proteger la propiedad intelectual de los productos textiles.
Y es que es necesario emprender estrategias porque las previsiones de futuro no son demasiado alentadoras: según el Banco Mundial, China podría controlar en pocos años la mitad del comercio mundial del vestido.

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