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ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE
LA LENGUA ITALIANA

por Alejandra Sánchez

INTRODUCCIÓN

El estudio de las lenguas no puede desligarse del estudio de la historia: este trabajo investigativo y analítico de las lenguas habladas en la península italiana a través de su historia es una demostración más de lo profundamente ligadas que se encuentran las manifestaciones culturales de un país con los fenómenos históricos a los que se ven sometidas.

Para la recopilación de este trabajo se utilizó un concepto fundamental asociado al estudio de la cultura: toda manifestación cultural desaparecerá cuando caiga en desuso; esto es muy importante porque permite comprender que una lengua que no se utiliza es una lengua muerta y que las lenguas solo existen mientras existan personas que la utilicen, la fomenten y la enseñen a otros. Las lenguas en realidad són un concepto abstracto que solo tiene sentido cuando las personas le dan forma y vida.

De la realización de este trabajo me quedó una enseñanza muy importante: la tendencia natural del hombre es a interactuar y a crear nuevas manifestaciones culturales a través de la convivencia, es por ello que en cuanto se trata de cultura nada es estático porque es constantemente modificado con la vivencia, el aprendizaje y la comunicación que es uno de los procesos humanos más importantes y maravillosos y lo que nos ha llevado a configurar civilizaciones. Uno de mis objetivos es brindar con este trabajo herramientas para la reflexión sobre la premisa de que compartir nuestra cultura nos hace crecer, y que con eso presente nos atrevamos a interactuar con otros seres humanos diferentes a nosotros, lo más probable es que ese alguien aprenda algo de ti y que a ti te quede una enseñanza.

El estudio de las lenguas es una rama muy importante del conocimiento humano, aunque no soy una experta en la materia utilizaré algunos conceptos muy sencillos de lingüística que nos permitirán enmarcar a la lengua italiana dentro de ese contexto y así relacionarla con otras lenguas hermanas, esto permitirá encontrar características comunes e indagar sobre las razones que originaron su definitiva separación.

Basándonos en ese concepto evolutivo de las manifestaciones culturales y por ende de las lenguas, haremos un recorrido por la historia de las lenguas en la península italiana, estudiaremos como a partir de una madre lengua latín a se fue gestando en ese país una de las lenguas más modernas de la actualidad: el italiano. Ya para cerrar, te invito a que junto conmigo comprendas el proceso de formación de una lengua y reflexiones acerca de la realidad de las lenguas en la actualidad a nivel mundial y con ello saques tus propias conclusiones.

UBICACIÓN HISTORICO - LINGÜÍSTICA DE LA LENGUA ITALIANA

El italiano es, al igual que el español y el francés, una lengua romance, su lengua madre es el latín el cual pertenece a la rama itálica de la amplia familia indoeuropea conformada por 140 lenguas habladas hoy día por 2500 millones de personas en el mundo.

Se dice que el origen de esta numerosa familia lingüística ocurrió alrededor del 4000 a.C. cuando un grupo de pobladores de Eurasia se fue dispersando por Europa estableciendo una serie de dialectos que conformaron la lengua madre de la actual familia indoeuropea. Esa lengua primitiva se fue diversificando y diferenciando en cada zona geográfica configurando grupos lingüísticos diversos, se estima que las 11 ramas de la familia indoeuropea actual se separaron de su lengua madre en el siguiente orden cronológico:
Segundo milenio antes de Cristo: Anatolia, Indo-irania, Helénica.
Primer milenio antes de Cristo: Itálica, Céltica
Primer milenio después de Cristo: Germánica, Armenia, Tocaria, Báltica, Eslava, Albanesa.
Una vez que los dialectos se diferenciaron lo suficiente para ser lenguas separadas, hacia el 2.500 a.C. en la mayoría de los casos, cada uno siguió su propio camino y las similitudes en sus desarrollos se deben a los préstamos a través de las fronteras lingüísticas y culturales.


LAS PRIMERAS LENGUAS HABLADAS EN LA PENÍNSULA ITALIANA.
Al comenzar la historia lingüística de Italia es preciso hacer una separación de dichas lenguas de acuerdo a su filiación con otras lenguas y entre si. En Italia, de acuerdo a la filiación linguistica existieron tres tipos de lenguas: primeramente lenguas no indoeuropeas (etrusco, ligur, raetico), lenguas indoeuropeas no itálicas (venetico, mesapico) y finalmente las lenguas indoeuropeas de la rama italica (osco, umbro, falisco, piceno, volsco y latín).
La lengua contemporánea al latín mas importante en la peninsula italiana y que ejercio una influencia incalculable sobre la evolución lingüística de la peninsula fue el etrusco, lengua no indoeuropea atestiguada por más de 10.000 inscripciones y algunos textos cortos.
Las ciudades estado de la Liga Etrusca, limitadas por los Apeninos, el Tíber, el Arno y el mar, fueron los vecinos septentrionales de Roma durante la segunda mitad del primer milenio a.C. Los etruscos aparecen en la historia hacia el 900 a.C. y su periodo de grandeza política, económica e ideológica tuvo lugar entre los siglos VIII al VI a.C. Tras esa etapa se produce un declive de su influencia aunque las ciudades-estado no fueron absorbidas por el Imperio Romano hasta el siglo I a.C., se desconoce la fecha hasta la que pervivió como lengua viva pero se cree que podría haber desaparecido en los albores de la era cristiana, aunque algunos (Bonfante, 1983: 47) han sugerido una continuidad "en la lectura y en el uso por los sacerdotes como lengua sagrada" hasta quizás principios del siglo V.
Uno de los aspectos mas interesantes del etrusco es que se han realizado repetidos esfuerzos para conectar la lengua etrusca con las indoeuropeas, o con las de tipo urálico o con las caucásicas, pero no se ha encontrado relación definida entre el etrusco y ninguna otra lengua, es por esa razón que es clasificada por los lingüistas como una lengua aislada. Sin embargo esta lengua dejo un legado a la riqueza lingüística de la península italiana no solo a través de su influencia directa sobre el latín : existe un grupo de palabras latín as de origen etrusco, tales como atrium 'entrada de una casa', histrio 'actor', o stilus 'instrumento de escritura' y el nombre mismo de Roma probablemente derivado del gentilicio etrusco Ruma; sino sobre las otras lenguas tempranas italianas como el osco, umbro, piceno, veneto, volsco y retico los cuales en su mayoria utilizaron para la escritura variantes del alfabeto etrusco.
Se piensa que también el ligur, una lengua atestiguada al norte de los etruscos en unas pocas glosas y nombres locales, fue no indoeuropea, aunque fuertemente influida por los celtas. Hasta la invasión céltica (siglo VI a.C.) los ligures habitaban un territorio muy amplio que iba más o menos del Ródano al Arno y comprendía una parte del Piamonte, de Provenza, de Lombardía y de Emilia, y especialmente la región que todavía se llama Liguria, a más de Córcega, pasada luego a los etruscos. La lengua ligur era hablada en el siglo III a.C. en la región que hoy corresponde a la Liguria actual, entre los ríos Rórdano y Arno. Su filiación genética no está clara pues el material disponible es muy escaso.
En los Alpes orientales estaba el raético o retico, de difícil clasificación en parte por la escasa (200 inscripciones encontradas en Bolzano, Trento, Verona, Vicenza, Padua y Treviso, en el norte de Italia, en el Tirol austríaco, el cantón suizo de los Grisones y en Eslovenia) cantidad de material disponible. Las inscripciones proceden del siglo V al año 15 a.C., fecha en la que los romanos conquistaron los Alpes. Las huellas de la lengua se encuentran casi exclusivamente en la toponimia, pero ni en este campo són identificables con precisión. Se sabe que los retios eran un conglomerado de tribus bastante diversas, fueron parte de los pueblos alpinos sometidos por Augusto, Druso y Tiberio. Esta evidencia ha hecho pensar que se trata de otra lengua no indoeuropea al poseer elementos distintivamente no indoeuropeos.
Entre las lenguas de la familia indoeuropea no itálicas presentes en Italia no se pueden dejar de mencionar al venetico y al raetico. El venetico fue hablado en lo que corresponde a la actual región de Venecia al nordeste. Fue la lengua de la cultura oriental de la Edad del Hierro en la península italiana, su relación con el indoeuropeo parece estar fuera de duda al tener similitudes con las lenguas germánicas e itálicas. Hay más de 200 inscripciones cortas que fueron escritas desde el siglo VI a.C. hasta el I a.C. El declive de esta lengua se produce con la romanización de la zona a partir del siglo II a.C.
La lengua mesapica, por su parte, fue hablada al su de Italia durante los siglos III al I a.C. A causa de la escasez de material disponible es muy poco lo que se conoce de la lengua, de hecho se puede afirmar que es indoeuropea pero no se ha podido clasificar dentro de ninguna rama de la misma, esta lengua utilizo un alfabeto derivado del griego.
Las lenguas itálicas principales fueron: osco, umbro, piceno, volsco, falisco, siculo y por supuesto el latín.
El osco era el principal lenguaje de Italia central después del etrusco, también hubo colonias de habla osca esparcidas por lugares de la Italia meridional y de Sicilia. Básicamente el osco era la lengua de las tribus samnitas, quienes fueron poderosos antagonistas de los romanos, los cuales necesitaron años para someterlos. La lengua se conoce por algunos cientos de inscripciones que se sitúan entre el 400 a.C. y el siglo I d.C. muchas de las cuales fueron halladas en Pompeya. Se hablaba en el Samnio y en Campania, en parte de Lucania y del Brutio, así como por los mamertinos en la colonia sicilaina de Messana (Mesina).
El umbro se habló en la región que corresponde a la actual Umbría, pero cuando fueron sometidos por los romanos comenzó un proceso de declive de su lengua que produjo su desaparición. De todos los dialectos itálicos es el que mejor conocemos, gracias sobre todo a las tablas Iguvinas.
La lengua volsca es una lengua itálica que fue hablada al sur del Latium, en las ciudades de Velitrae, Tarracina, Sora y Arpinum.
La lengua falisca se hablaba al norte de Roma, siendo su principal ciudad Falerii Veteres, destruida por Roma en el 241 a.C, esta tan estrechamente ligada a la latín a que en ocasiones se le ha considerado un dialecto latín o.
La lengua picena fue hablada en la península italiana cerca de la costa Adriática, entre los ríos Chienti y Sangro.
El nombre de Sicilia procede del pueblo sículo, que habitó en esta isla durante la etapa pre-clásica, aunque hay autores antiguos que afirman que también ocuparon la Italia continental. El grueso de la información sobre esta lengua procede de unas pocas fuentes, como són algunas palabras citadas en autores griegos o latín os y en algunas inscripciones, de las cuales la más importante es el vaso de Centuripe, vasija de arcilla del siglo V o IV a .C. encontrada en la localidad de ese nombre a 25 kilómetros al suroeste del Etna, en Sicilia. Parece que la inscripción grabada registra una lengua indoeuropea.
De todas estas lenguas primitivas de la peninsula italiana la unica que permanecio en el tiempo y evoluciono para dar como resultado algunas de las lenguas mas habladas en el mundo actualmente fue el latín.

NACIMIENTO Y DESARROLLO DEL LATÍN
Tal y como pudimos evidenciar en el punto anterior, en la península italiana convivian numerosas lenguas antes de que el latín se convirtiera en la lengua dominante durante el Imperio Romano.
En este complejo escenario lingüístico fue que surgió y se desarrollo la lengua latín a, su hogar ancestral corresponde exactamente al Vetus Latium, geograficamente limitada por el río Tíber al norte, el curso bajo del Anio al nordeste, la cadena de los Apeninos al este, el territorio Volsciano al sur y el Mar Tirreno al oeste, en la región italiana del Lacio.
Las inscripciones más antiguas en latín proceden del siglo VII, el más antiguo y famoso testimonio epigráfico latín o lo tenemos en la Lapis niger (figura a la derecha), cipo que fue hallado en 1899 y fechado en los siglos VI-V a.C. La escritura es en bustrófedon . Se piensa que tuvo un carácter jurídico. El alfabeto utilizado es un lapso intermedio entre el alfabeto etrusco y el alfabeto latín o.
En los siglos II y II a.C. hace su aparición, bajo influencia griega, la literatura latín a clasica, siendo dos de sus más famosos autores Plauto y Terencio. Es curioso saber que Plauto era umbro, sin embargo usó para escribir el latín y no su propia lengua. Se considera que la edad dorada y de plata de la literatura latín a ocurrió entre los siglos II a.C y II d.C, posteriormente sobrevino la caida del imperio romano y con ella el latín experimento una serie de modificaciones que discutiremos mas adelante.
Para el 107 d.C el Imperio Romano habia conquistado: Sicilia, Cerdeña y Córcega, España, África, el Ilírico, la Galia meridional y septentrional, la Retia y la Dacia. Al esparcirse la influencia política y militar de Roma, la lengua latín a también se difundió tanto en las urbes como en las zonas rurales, si bien con características dialectales propias. Esta difusión de la lengua tuvo dos consecuencias fundamentales: la primera fue un influjo mutuo más o menos considerable entre la dominante lengua latín a y las lenguas locales; la segunda, en cierto modo consecuencia de la primera, una diversificación y diferenciación del latín en las distintas regiones. Mientras el nexo político con el centro fue fuerte las diferencias fueron limitadas; puesto que el latín era la lengua oficial para todas las formalidades sociales, políticas y económicas; pero cuando se debilitó por motivos políticos hasta romperse del todo, las diferencias se ahondaron.
Es interesante el hecho de que el latín no fue impuesto sobre las poblaciones sometidas, pero sus habitantes deseaban elevarse culturalmente adoptando el latín queriendo ser considerados ciudadanos romanos, este fenómeno ocurre siempre que dos pueblos entablan contacto: prevalece lingüísticamente el que tiene mayor prestigio. Así fue como Roma consiguió hacer prevalecer el latín sobre el etrusco, el osco, el umbro, el galo y sólo en parte sobre el griego, cuyo prestigio cultural era más grande.
Las poblaciones sometidas antes de perder su lengua a favor del latín, a través aron un periodo más o menos largo de bilingüismo; de hecho, algunas de las lenguas prerromanas tuvieron en el territorio romanizado considerable vitalidad durante mucho tiempo. Se utilizaba el latín como la lengua formal, pero en la cotidianidad se continuaba utilizando el dialecto local.
Desde el punto de vista gramatical al latín le falta la variedad y flexibilidad que tiene el griego, tal vez reflejo de la naturaleza práctica del pueblo romano, más preocupado con el gobierno y la administración que con el pensamiento especulativo. En contraste con el griego, el latín no tiene artículo determinado. Las lenguas modernas derivadas del latín heredaron de su gramatica: existencia de tres géneros: masculino, femenino y neutro, los nombres tienen dos números, el adjetivo concuerda con sus referentes en género y número, los verbos són transitivos o intransitivos y las formas verbales finitas o no finitas. El orden de la palabra es muy libre en la etapa del latín antiguo, aunque en el latín posterior el orden sujeto, verbo y objeto se establecerá definitivamente y es esta estructura la que heredariamos las lenguas romances.

EVOLUCIÓN DEL LATÍN LUEGO DE LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO: NACIMIENTO DE LAS LENGUAS ROMANCES
Las lenguas romances derivan del latín vulgar del Imperio Romano, el cual difería del latín culto o literario de los textos clásicos. La lengua italiana es la que más cercana ha permanecido al latín mientras que las otras lenguas romances han sido sometidas a influencias externas: la francesa a las lenguas célticas y germánicas, la rumana a las eslavas y la española a la árabe. Estas lenguas constituyen un grupo de idiomas genéticamente afines y representan, por lo menos en su patrimonio principal, la continuación del latín sin que haya solución de continuidad entre uno y los otros. Esta continuidad entre la raíz y los vástagos es un caso especial pues es algo que no se produce, por ejemplo, entre las lenguas neoarias de la India con el sánscrito al no ser fraccionamientos de esta lengua.
A medida que los ejércitos de Roma ampliaban las fronteras del Imperio, el latín iba siendo introducido como lengua de la administración. El latín hablado que era uniforme al principio, ya comenzaba a dar muestras de diferenciación respecto al latín de la literatura clásica. Al producirse el derrumbe del Imperio y la desaparición de la administración romana, el latín de cada región comenzó a evolucionar según criterios propios. Sumado a eso la gran distancia que separaba unas regiones de otras y las influencias de otras lenguas locales, todo ello ocasionó en consecuencia el nacimiento de las lenguas romances.

Latín vulgar, incluyendo el período patrístico, siglo II al V d.C. Donde se incluye la Vulgata de San Jieron imo o las obras de San Agustín.
Período medieval, siglo VI al XIV. La literatura latín a continúa pero emergen las lenguas romances.
Siglo XV hasta ahora. Redescubrimiento del latín de la Edad de Oro en el renacimiento. El latín vulgar continúa siendo usado por los eruditos hasta el siglo XVII, como Isaac Newton, y por la Iglesia Católica Romana (obligatorio hasta mediados del siglo XX).

EL ITALIANO: NACIMIENTO Y FORMALIZACIÓN
ejemplo textual más antiguo en italiano procede del siglo X. En los siguientes 300 años la poesía fue escrita en varios dialectos hasta que el toscano surgió como una de las lenguas literarias más grandes del mundo por el genio de Dante Alighieri (1265-1321). La Divina Comedia fue escrita entre 1310 y 1314. Petrarca y Boccaccio completan el trío de grandes escritores del siglo XIV. El prestigio que adquirió el toscano, específicamente el florentino, fue corroborado en el siglo XIX, cuando la unión política puso la cuestión de la lengua unificada en candelero. Alessandro Manzoni, que presidió el comité que tomó esta decisión, fue impelido a reescribir su obra maestra I Promessi Sposi en toscano florentino, habiéndola escrito primero en lombardo.
En las historias de la literatura italiana suelen consignarse como primeros documentos del italiano las fórmulas de juramento del placito capuano, decisión jurídica redactada en Capua en 960; sin embargo, habría un monumento anterior, en caso de que pueda considerárselo decididamente vulgar y es la adivinanza veronesa escrita en un oracional mozárabe del siglo VIII o IX a más tardar, que dice:
separebabouesalbaprataliaaraba & albauersoriiteneba & negrosemen
seminaba
gratiastibiagimusomnipotenssempiternedeus.
La reconstrucción de ese texto sería la siguiente:
Boves se pareba
e(t) albo versorio teneba,
alba pratalia areba
e negro semen semineba.
La fórmula del juramento del placito capuano de marzo de 960 pronunciada por el juez Arechisi para dirimir un pleito entre el monasterio de Montecasino y Rodelgrimo d'Aquino, está redactada en latín pero el testimonio se reproduce con las mismas palabras de la lengua vulgar con que se pronunció; como es demasiado largo sólo reproducimos unos renglones que contienen la frase vulgar (en letras cursivas):
'...Ille autem, tenes in manum predicta abbrebiatura, que memorato Rodelgrimo hostenserat, et cum alia manu tetigit eam, et testificando dixit: Sao ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette parte Sancti Benedicti. Deinde ante nos benire fecimus predictum Teodemendum diaconum et monachum, quem similiter monuimus de timore Domini, ut quicquid de causa ista ueraciter sciret diceter ipsos. Ille autem, tenens in manum predicta abberbiatura, et cum alia manu tangens eam, et testificando dixit: Sao ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette parte sancti Benedicti. Nobissime autem fecimus ante nos benire memoratum Garipertum clericum et notarium, et ipsum similiter monuimus de timore Domini et quod veraciter sciret de causa ista diceret eos...'
De Raimbaut de Vaqueiras, que citamos a propósito del gascón, tenemos una segunda copla en italiano:

Io són quel que ben nón aio,
ni jamai nón l'averò,
ni per april ni per maio,
si per madona nón l'ò:
certo que en so lengaio
sa gran beutà dir nón so,
chu fresca qe flor de glaio:
per qe no me'n partiró.

Del mismo Raimbaut es notable una discusión bilingüe entre un trovador provenzal y una dama genovesa; a una estrofa en provenzal, puesta en boca del juglar, sigue otra en genovés, atribuida a la dama. La fecha es de seguro anterior a 1194. La primera estrofa genovesa es la siguiente:

'Jujar, voi no se' corteso, qe me chaidejai de zo, qe niente no farò. Ance fossi voi apeso! vostr'amia no serò. Certo, ja ve scanerò pronezal malaurao! Tal enojo ve dirò; sozo, mozo, escalvao! Ni za voi no amerò, q' e' chu bello marì ò, qe voi no se', ben lo so. Andai via, frar', en tempo millorado.'

Dante, Petrarca y Bocaccio
Los poetas sicilianos
Los monjes

FRANCESCO BEMBO
Establecimiento del toscano florentino, cuando y por que
Consecuencias
Introducción
Vista preliminar de la secciónLiteratura italiana, literatura escrita en lengua italiana desde el siglo XIII, aproximadamente, hasta nuestros días.
2 Edad media
Vista preliminar de la secciónAntes del siglo XIII, el lenguaje literario de Italia era el latín, que fue utilizado para la redacción de crónicas, poemas históricos, leyendas heroicas, vidas de santos, poemas religiosos y trabajos didácticos y científicos. Además de quienes utilizaban el latín, había numerosos escritores que se expresaban en francés o en provenzal, la lengua de Provenza, región del sur de Francia, y que tomaban prestadas de otras lenguas las estructuras de los versos y los temas de sus composiciones. Entre las distintas formas poéticas, la más extendida era la canción provenzal. Entre los temas literarios, los más frecuentes eran los relacionados con las hazañas de los héroes de la antigüedad, los caballeros del rey Arturo y los paladines de Carlomagno. Las gestas de Carlomagno aparecieron en lengua vernácula franco-veneciana, y fueron ulteriormente latín izados en Toscana. Estos textos, además de atraer la atención por parte de los lectores, suministraron inagotables temas de caballería a las generaciones siguientes de poetas italianos.
2.1 Siglo XIII y comienzos del XIV
Los primeros textos poéticos escritos en lengua italiana fueron los de la llamada escuela siciliana, en estrecho contacto con la corte de Federico II y de su hijo Manfredo, emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, ambos de la familia Hohenstaufen, de origen germano, aunque establecidos en Sicilia, sur de Italia, con el fin de administrar mejor sus posesiones en esa parte de su Imperio. Bajo la influencia árabe, Sicilia se convirtió en uno de los centros importantes de cultura de la Europa del siglo XIII. La poesía de la escuela siciliana, a pesar de estar escrita en italiano, no poseía carácter de literatura nacional. Se trataba, por lo general, de una poesía de amor cortés, que seguía muy de cerca, a veces hasta demasiado, y de un modo bastante torpe, los cánones de la poesía provenzal en auge en ese momento. Pertenecieron a esta escuela poetas de la talla de Giacomo Pugliese y Rinaldo d’Aquino.
Después de la caída de la dinastía Hohenstaufen, en 1254, el centro de la poesía italiana se trasladó a dos ciudades: Arezzo, conocida por el trabajo que en ella desarrolló Guittone d’Arezzo, y Bolonia, ciudad del innovador Guido Guinizelli. Guittone d’Arezzo y sus seguidores produjieron poca poesía digna de mención, mientras que Guinizelli creó el Dolce Stil Nuovo, una expresión utilizada por Dante en la Divina Comedia para describir el delicado lenguaje necesario para escribir poesías de amor. Los poetas seguidores de este estilo no escriben sobre el amor cortés de la tradición provenzal o siciliana, en aquel entonces un concepto ampliamente extendido, sino sobre un amor de tipo platónico, en el cual el atractivo de la amada despierta en el poeta sentimientos espirituales e ilumina su alma para comprender la belleza divina. El más importante de los poetas italianos, Dante Alighieri, quien admiraba a Guinizelli, escribió su primer libro de poemas, una obra maestra de la literatura italiana del siglo XIII, La vita nuova (Vida nueva, 1292), siguiendo el “nuevo estilo”. En este libro, la prosa narrativa se alterna con fragmentos en verso para describir el idealizado amor del poeta hacia su adorada Beatriz. Dante, al igual que los demás poetas del Dolce Stil Nuovo, en especial Guido Cavalcanti y Cino da Pistoia, contribuyó a hacer de su época una de las más fructíferas e interesantes de la literatura italiana.
Por esos mismos años apareció otro estilo de poesía también muy característico e innovador, la poesía devocional que cultivó san Francisco de Asís, cuyo Cantico delle creature o Canticus creaturarum (Cántico de las criaturas) ensalza el amor que Dios siente hacia todos lo frutos de su Creación, y no sólo hacia los seres humanos. Estos sentimientos aparecen expresados con toda claridad en una colección de leyendas en verso, Fioretti di san Francesco (Las florecillas de san Francisco), basadas en la vida del santo de Asís. Durante todo el siglo fueron apareciendo otros poetas franciscanos, entre ellos uno con una imaginación dantesca, Jacopone da Todi, a quien se le atribuye el himno en latín más famoso de esta época, el Stabat Mater, así como la lauda dramática en lengua vulgar Donna del Paradiso.
El poeta por excelencia del trecento italiano (siglo XIV), Dante, es también una de las grandes figuras de la literatura universal. Admirable por la claridad de su pensamiento, la viveza y fluidez de su poesía, y la imaginación desbordante, fue uno de los poetas que más decididamente contribuyieron a establecer el italiano como lengua literaria, por su frecuente uso de la lengua vernácula en lugar del latín. De vulgari elocuentia (1304), aunque escrito en latín, es una encendida defensa del italiano como lengua apropiada para la literatura.
Los amplios conocimientos del poeta sobre la cultura de su tiempo le convirtieron en el principal intérprete de la sensibilidad y los ideales de la edad media europea. Así, su obra Il convivio, escrita durante los primeros años del siglo XIV, es casi una enciclopedia del saber europeo de la época. A su amplia erudición, Dante añadió las numerosas experiencias que le proporcionaron sus variadas actividades en el terreno de la vida pública, pues desempeñó el cargo de magistrado en Florencia y tomó parte activa en las polémicas y enfrentamientos de su ciudad. Sus convicciones políticas le llevaron al destierro y se reflejan en su tratado De Monarchia. Escrito en latín, en él defendía la constitución de un estado imperial que absorbiera los numerosos estados europeos enfrentados entre sí por conflictos regionales. Abogaba asimismo por la separación entre Iglesia y Estado, y por una justicia basada en las leyes del antiguo Imperio romano.
Comenzó a escribir su obra más importante, Divina Comedia, probablemente hacia 1307. La escribió en lengua vernácula con la intención de llegar a mucha gente y transmitir de un modo más directo y efectivo sus ideas. Se trata de un extenso poema que recurre a la filosofía y la teología de la época, en el que utiliza a conocidos personajes de los siglos XIII y XIV, y plantea las polémicas que surgían en aquellos tiempos. En su forma, es una visita guiada a través de los tres mundos de la teología medieval (Infierno, Purgatorio y Paraíso) en la cual los dos personajes que guían al poeta, protagonista de la obra, a través de estos mundos desconocidos són Beatriz, objeto de su adoración, que significa el saber teológico y revelado, y el poeta de la antigua Roma Virgilio, que representa el saber humano.
3 Renacimiento
Vista preliminar de la secciónEl renacimiento coincidió en Italia con un periodo de expansión económica, política y cultural. Las ciudades salieron de la etapa feudal (véase Feudalismo) y se convirtieron en importantes centros comerciales e industriales. Los dirigentes de cada una de las ciudades luchaban entre sí para aumentar su poder, conquistando otros territorios y estableciendo zonas de influencia alrededor de sus dominios. Algunas ciudades-estado, como Venecia y Génova, consiguieron crear extensas zonas comerciales en el Mediterráneo. Culturalmente, todo el periodo estuvo marcado por la búsqueda y el descubrimiento de manuscritos antiguos y por una nueva lectura de la literatura y la filosofía clásicas, que poco a poco se fueron revalorizando en toda Europa.
Muchas de las grandes figuras del primer renacimiento eran eruditos dedicados al estudio filosófico o a la traducción de los clásicos griegos y latín os. Recibieron el nombre de humanistas debido a su interés por el ser humano, y no tanto por los temas trascendentes que ocupaban a los eruditos de la edad media. Muchos de estos humanistas se inspiraron en las obras de Platón, al que dieron más valor que a su discípulo Aristóteles, contrariamente a la norma que había regido en el periodo anterior.
3.1 El siglo XIV
Una de las figuras más importantes de comienzos del renacimiento fue el poeta y humanista Petrarca, introductor de una nueva sensibilidad, hasta entonces inédita, en la cultura europea. A diferencia de Dante y de otros escritores y pensadores medievales, como el filósofo escolástico Tomás de Aquino y el francés Pedro Abelardo, Petrarca no tenía ningún interés en reproducir sólo las enseñanzas de los escritores clásicos, sino que pretendía ir más allá, adoptando su mentalidad y creando obras con el mismo espíritu que les animó a ellos en su momento. Latín ista de renombre, contribuyó definitivamente a reinstaurar el latín clásico como lenguaje literario y erudito, en sustitución del maltrecho latín medieval que había servido hasta entonces como vehículo de comunicación internacional y que comenzó a dejar de hablarse a partir de entonces.
A Petrarca se le suele describir como un “hombre moderno” por su reiterada afirmación de la individualidad de los seres humanos. Así, su De vita solitaria (1346-1356) y su De remediis utriusque fortunae (1354-1366) están considerados como los primeros ensayos de la historia de la cultura europea en que se expresó esta nueva actitud. También se le ha llamado “el primer nacionalista italiano”, en contraste con Dante, que fue un poeta universalista, pues deseaba que Italia se integrase en una estructura imperial europea. Para Petrarca, en cambio, Italia era la legítima heredera y sucesora de la antigua Roma, y opinaba que los distintos reinos y estados de Italia debían unirse para adoptar el papel que, como depositaria de la herencia del Imperio romano, le correspondía. Glorificó esta alta misión en su poema en latín África (1338?-1342?), para el cual toma como marco de referencia las Guerras Púnicas, que tuvieron lugar en la antigüedad entre Roma y Cartago.
Aun cuando las aportaciones de Petrarca en la recuperación de los ideales clásicos fueron decisivas, su faceta más importante es la de poeta lírico. Su Cancionero, una colección de sonetos dedicados a Laura, probablemente la dama francesa Laure de Noves, análoga a la Beatriz de Dante, toma como punto de partida una aproximación idealista al dolce stil nuovo, pero lo supera al introducir por primera vez en la historia de la literatura europea una gran intensidad de sentimientos. La primera colección de poemas debió completarla en 1336-1337, aunque siguió ampliándola y retocándola a lo largo de su vida.
Boccaccio, como Petrarca, era totalmente consciente de pertenecer a una época nueva y apasionante dentro de la cultura occidental. Recibió una gran influencia del poeta lírico pero, al contrario que éste, Boccaccio prefirió la narrativa a la poesía. Aunque ya dio muestras de talento en sus primeras historias, Il Filocolo (1336) y Elegía de madonna Fiammetta (1343-1344), su obra maestra fue Decamieron (1353). Se trata de una colección de cien cuentos para los que el autor se inspiró en la vida real y no en modelos literarios, como había ocurrido en toda la literatura escrita hasta entonces. Su argumento es el siguiente: un grupo de personajes, siete hombres y tres mujeres, que se han refugiado en una remota casa de campo huyendo de la peste que invadía Florencia, van narrando, a lo largo de diez días, una serie de curiosas historias, algunas cómicas, otras picantes, que les servirán para matar el tiempo durante su forzado encierro.
A diferencia de Petrarca, que fue amigo suyo, Boccaccio tuvo en alta consideración la obra de Dante. De hecho, sus últimas obras fueron una biografía y una serie de estudios en torno a la figura del autor de la Divina comedia. Uno de sus mayores méritos fue el de crear una larga serie de personajes muy característicos, y definidos con habilidad, que serían posteriormente utilizados por muchos autores.
Dante, Petrarca y Boccaccio fueron los primeros literatos italianos que utilizaron en sus escritos el dialecto toscano, que se hablaba en Florencia, Siena y otras ciudades del centro de Italia, y gracias al prestigio de sus obras consiguieron fijarlo como la lengua de cultura.
3.2 Siglo XV
Durante el siglo XV se desarrolló un nuevo movimiento cultural denominado humanismo que sustituyó las concepciones medievales, situando al ser humano en el centro del universo y considerando la vida en la tierra como un periodo en el que el alma puede llegar a la plenitud. En el renacimiento aparecieron numerosos individuos a los que se les denominó “hombres universales”, es decir, artistas que alcanzaron la perfección en más de una disciplina. Artistas completos se pueden considerar el arquitecto, pintor y organista León Battista Alberti, y los conocidísimos Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. Esta universalidad intelectual fue característica también de muchos de los príncipes que gobernaron las ciudades italianas durante aquella brillante época. Entre ellos, el más destacado fue Lorenzo de Medici, miembro de la ilustre familia que gobernó en Florencia durante décadas. Lorenzo fue político y mecenas de las artes, así como poeta y crítico, dotado de exquisito gusto.
Angelo Poliziano, llamado Poliziano, está considerado como el poeta y humanista más destacado de este periodo. Su obra teatral en verso Orfeo (c. 1480) pasa por ser el primer drama importante de la historia del teatro italiano, y sus colecciones de poemas líricos són de extraordinaria calidad. Poliziano fue, además, un excelente erudito y traductor de textos de la Grecia clásica.
Durante este periodo se mantuvieron dos fuentes de inspiración que ya provenían de etapas anteriores: las gestas de caballería y la vida pastoril. Són destacables, entre las obras que continuaron la tradición de las primeras, Orlando enamorado (1483), de Matteo Maria Boiardo y, entre las pastoriles, Arcadia (1504), de Iacopo Sannazzaro, creaciones ambas que despertaron un gran interés en toda Europa. En su preocupación por los valores terrenales frente a los religiosos, los escritores del renacimiento fueron abandonando muchas de las ideas predominantes durante la edad media, e incluso los papas actuaron como mecenas de autores denominados paganos. Algunos de estos autores paganos, en especial el humanista Lorenzo Valla, a quien estuvo a punto de costarle la vida la divulgación de ciertos documentos bastante comprometedores sobre el Papado, llegaron a hablar de “escritores cristianos” con el fin de distinguirse de ellos. Los polémicos sermones y textos de Girolamo Savonarola trataban de contrarrestar esta corriente de paganismo financiada por la propia Iglesia. A la caída de los Medici, Savonarola instauró una república teocrática en Florencia, que duró poco menos de tres años. Abandonado por el pueblo y odiado por el papa Alejandro VI, impenitente protector de la cultura llamada pagana, Savonarola murió en la hoguera al considerársele reo de herejía.
3.3 Siglo XVI
El renacimiento llegó a su plena consolidación en el siglo XVI. La lengua italiana, que había sido desechada durante siglos por los humanistas, preocupados más bien por los textos griegos y latín os clásicos, alcanzó una dignidad, hasta entonces negada, como lengua literaria. Pietro Bembo, autor que ejerció gran influencia en la literatura de la primera mitad del siglo, contribuyó decisivamente a colocar al italiano en esa situación. En sus tratados, especialmente en Prosas sobre la lengua vulgar, obra considerada como la primera gramática de la lengua italiana, ensalzó los escritos de Boccaccio y de Petrarca como modelos, respectivamente, de la prosa y la poesía italianas. con sus Rimas, que imitan el estilo de Petrarca, marcó el comienzo del movimiento denominado “petrarquismo”. Pero Bembo no fue el único autor destacado del siglo. Junto a él se sitúan otros dos hombres de letras importantes: el filósofo de la política Nicolás Maquiavelo y el poeta Ludovico Ariosto.
El primero, a partir de sus experiencias como funcionario y diplomático al servicio de Florencia, desarrolló una concepción realista del poder que, a partir de entonces ha sido denominada “maquiavélica”. Su elaboradísimo El príncipe (1513), un análisis de las bases sobre las que se sustenta el ejercicio del poder político, formaba parte de un trabajo más amplio y ambicioso, su comentario a la Historia de Roma del historiador latín o clásico Tito Livio. La “ley suprema”, según El príncipe, es “la preservación del Estado” por encima de cualquier otra obligación. El príncipe de Maquiavelo se anticipó a los llamados “déspotas ilustrados”, gobernantes bondadosos con el pueblo, pero que, sin embargo, mantenían un poder absoluto en sus dominios, a los que convirtieron en estados modernos. Las ideas del filósofo florentino partían de conceptos teocráticos medievales para adentrarse en consideraciones que presagiaban la moderna economía política. Algunos historiadores consideran la posibilidad de que, si sus ideas políticas se hubiesen llevado a la práctica en ese mismo siglo, quizá se habría podido crear una Italia unida bajo el mando de un solo gobernante, y, por lo tanto, se habría evitado que permaneciera dividida y dominada por españoles y franceses y más tarde austriacos. Además de este tratado, Maquiavelo escribió otro sobre el arte de la guerra, una historia de Florencia, una biografía (1520) del político y militar italiano Castruccio Castracane, numerosos poemas y varias obras de teatro, la más famosa de las cuales, La mandrágora (1524), es un amargo y pesimista análisis de los instintos humanos, realizado con los mismos métodos de investigación que ya aplicara a El príncipe.
Amigo de Maquiavelo, el historiador y político florentino Francesco Guicciardini escribió La historia de Italia, una obra sorprendente por su objetividad y su inteligente revisión de los asuntos y personajes que en ella aparecen y que se publicó póstumamente, entre 1561 y 1564. También escribió Ricordi politici (1576-1585), basándose en su vasta experiencia como alto cargo político de la ciudad de Florencia.
Otra de las figuras destacadas de este periodo es, como ya se ha dicho, Ludovico Ariosto, que representa la culminación de la poesía del cinquecento italiano. Su Orlando furioso (1516) es una obra intensa y original, concebida como la continuación del Orlando enamorado de Matteo Boiardo. Los acontecimientos que se relatan en él se desarrollan, como en su antecesora, durante el reinado de Carlomagno. En su caso, narra la batalla del emperador contra los sarracenos, escenario que sirve para unificar los distintos pasajes del texto, en el que se entremezclan aventuras, amores, magia, heroísmo, villanía, sentimiento trágico, sensualidad y hechos reales de su tiempo, elementos todos que conviven en una narración extremadamente brillante, salpicada en ocasiones de humor y fina ironía. Por todo ello y, en especial, por reflejar una profunda comprensión del espíritu humano, este poema épico merece recibir el título de obra maestra de la literatura universal.
Durante estos años vieron la luz, además, dos obras muy difundidas en su tiempo sobre el comportamiento caballeresco, que fueron muy bien recibidas en una época como ésta, de refinado cosmopolitismo. Se trata de El cortesano (1528), escrita por el diplomático Baldassare Castiglione, y traducida espléndidamente al español por Juan Boscán, y Galateo (1558), del sacerdote Giovanni della Casa. La primera de ellas es un tratado acerca de los buenos modales que debe observar un caballero, así como de las virtudes intelectuales que deben acompañarle. La segunda comparte con la anterior el interés por los buenos modales, e intenta situarlos en una amplia visión de la naturaleza humana.
Pero el culto a las buenas maneras, a la belleza y al refinamiento despertaron, además de un gran interés, una violenta reacción por parte de algunos autores, como Teófilo Folengo, quien en su épica burlesca Baldo (1517), lleva a cabo una parodia sumamente ácida y en ocasiones vulgar del mundo de la caballería y las letras. Escrita en latín macarrónico, una variedad cómica del latín erudito, constituye una despiadada sátira de las ideas y costumbres de su época, que inspiró, entre otros muchos, al escritor francés François Rabelais. Folengo no fue el único rebelde de la literatura del siglo XVI italiano. Junto a él se puede colocar el no menos inconformista, aunque de mayor genio, Pietro Aretino, autor teatral y creador de libelos dotado de un fino ingenio, que consiguió, por medio de sus irreverentes obras, establecer un refrescante contrapeso a la refinada cultura de su tiempo. Su gran obra I ragionamenti o, en castellano, El coloquio de las damas (1532-1534) y los seis volúmenes de sus cartas (1537-1557) transmiten su ácido e irreverente punto de vista acerca de la sociedad y costumbres de su época.
En la línea renacentista de búsqueda del artista completo, no faltaron pintores y escultores que escribieron bellos textos poéticos, narrativos y ensayísticos. Así, los sonetos de Miguel Ángel constituyen apasionadas expresiones de sus sentimientos más profundos y de sus convicciones religiosas; los tratados de Leonardo da Vinci sobre arte y ciencia contienen principios de análisis que han influido profundamente en los pensadores posteriores; la interesante autobiografía de Benvenuto Cellini se encuentra entre los mejores textos de este género de toda la literatura universal; y las biografías de famosos pintores, escultores y arquitectos escritas por el también pintor y arquitecto Giorgio Vasari constituyen una fuente de información de incalculable valor sobre el arte y los artistas del renacimiento.
También se escribieron cuentos y relatos breves en esta época. El autor más destacable en este terreno es Matteo Bandello, autor de Novelle (1554-1573), una serie de cuatro volúmenes de narraciones cortas en la línea de Boccaccio, que constituyieron la base sobre la que se crearon numerosas obras posteriores en toda Europa.
La segunda mitad del siglo XVI estuvo presidida por la Contrarreforma, que tuvo su origen en el Concilio de Trento, celebrado en 1545. Como resultado de este concilio, convocado para contrarrestar las reformas de los protestantes, se extendió por la Europa católica una oleada de exacerbados sentimientos religiosos y de sumisión total a la autoridad papal, que consiguió ahogar la franca jocosidad, la inclinación por la exploración y la sincera alegría de los humanistas y sus sucesores, sustituyéndolas por un interés superficial por las buenas costumbres y la moralidad. La exuberante libertad de expresión y de forma de que hizo gala Ariosto cayieron bajo sospecha, y las concepciones políticas de Maquiavelo comenzaron a considerarse peligrosas. En la literatura, este cambio de actitud se materializó en un nuevo clasicismo, según el cual se volvió a situar a Aristóteles como máxima autoridad filosófica, tras difundirse su Poética por toda Europa. Esta obra del filósofo griego se publicó en lengua original con traducción latín a en 1548, acompañada por un comentario de Francesco Robortelli. Durante aquellos años fueron apareciendo distintas versiones y estudios sobre la obra, los más importantes de los cuales fueron Poética (1561) de Julius Caesar Scaliger y el comentario de Ludovico Castelvetro (1570), que contribuyó a la recuperación de las unidades de espacio y tiempo en el teatro.
A pesar del predominante clima de represión que caracterizó estos años, apareció un gran poeta lírico de imaginación desbordante, Torquato Tasso que, en 1575, publicó su magnífica Jerusalén libertada. Su tratamiento épico, de gran belleza, de la primera Cruzada es mucho más conciso y sencillo, más serio y unificador que el de su predecesor, el Orlando furioso, por lo cual levantó una larga serie de críticas entre los pedantes estudiosos del momento, que empujaron a su autor a reescribir la obra, con un resultado mucho más pobre. Otro gran espíritu de la época fue Giordano Bruno, escritor de mente clara que produjo numerosos diálogos contra la pedantería y el autoritarismo, y que defendió valientemente puntos de vista contrarios a las doctrinas de la Iglesia, lo que le llevó a morir en la hoguera, acusado de herejía, en Roma, en el año 1600.
4 Primera modernidad
Vista preliminar de la secciónLa Italia de finales del siglo XVI era una tierra exhausta debido a las constantes luchas que en ella tenían lugar entre los dominadores españoles, franceses y austriacos. Al mismo tiempo, los centros europeos del comercio estaban desplazándose desde el Mediterráneo hacia el Atlántico debido a la importancia que iban adquiriendo los puertos americanos, hecho que provocó una profunda decadencia económica de los territorios italianos. Las ciudades-estado, antaño hogares de un espíritu libre y cosmopolita, ofrecieron muy poca resistencia a la tiranía, y comenzaron a estancarse, convirtiéndose poco a poco en lugares provincianos, sometidos durante los siglos XVII y XVIII a potencias extranjeras.
4.1 Siglo XVII
El estilo predominante en el siglo XVII, no sólo en literatura, sino también en música, arte y arquitectura, fue el barroco, caracterizado por una exuberancia que contrastaba, a menudo, con visiones extremadamente pesimistas de la realidad. La poesía y el teatro fueron terrenos de expresión de una extravagante imaginación, el gusto por el artificio retórico en cuanto a la forma y la riqueza metafórica en cuanto a la imaginería. Típica de este periodo es, sin duda, la poesía de Giambattista Marino, cuyo Adonis (1623) es una obra maestra de virtuosidad literaria, por su análisis de lo universal del amor, al que considera superior a la sensualidad, y por su exposición de las tendencias amorosas de la naturaleza.
Gran parte de la creación literaria del barroco refleja trastornos espirituales. Buenos ejemplos de ello lo constituyen las tragedias de Federigo della Valle, cuya obra La reina de Escocia (1628), se centra en las luchas de la reina María Estuardo. Del mismo modo, en muchas obras se deja sentir una profunda insatisfacción vital, en especial con el orden social, como se puede comprobar en los escritos del poeta, científico y filósofo Tommaso Campanella, autor de ensayos muy críticos, que le costaron penas de prisión y destierro. El más importante de sus libros, La ciudad del Sol (1623), escrito mientras estaba encarcelado, es una utopía en la que describe un mundo igualitario regido por un estricto orden legal.


ALESSANDRO MANZONI Y LA UNIFICACIÓN DE LA LENGUA
Problemas del italiano antiguo, modificaciones, resultados

5.1 Nacionalismo, romanticismo y clasicismo
La literatura italiana de comienzos del siglo XIX no estuvo marcada sólo por el nacionalismo. Por entonces aún persistía el neoclasicismo proveniente del siglo anterior, pero poco a poco fue dejando paso al romanticismo, movimiento sumamente interesado en la historia y las tradiciones regionales, germen de los distintos nacionalismos europeos que surgieron durante todo el siglo. La gran influencia que sobre la cultura italiana tuvo la Revolución Francesa y el posterior reinado de Napoleón I queda patente en la producción de Vincenzo Monti, Ugo Foscolo y Carlo Porta. Las obras del primero reflejan la inestabilidad de sus convicciones políticas. En sus comienzos fue contrario a la Revolución Francesa, como evidencia su poema La basvilliana (1793), sobre el asesinato del enviado francés Hugo Bassville. Más tarde, se convirtió en ardiente defensor de la causa de Napoleón, al que ensalzó en una serie de poemas. Aunque autor de gran talento, la crítica valora especialmente su traducción de la Iliada del poeta griego Homero.
Ugo Foscolo tuvo una personalidad más estable que la de su contemporáneo Monti. Fue militar y profesor durante la ocupación francesa de Italia y, al regreso de los austriacos, se marchó a Inglaterra, donde pasó el resto de su vida. La fama de Foscolo se forjó a través de una novela escrita en forma epistolar, Últimas cartas de Jacopo Ortis (1798), que seguía la línea de El joven Werther, obra del poeta y novelista alemán Johann Wolfgang vón Goethe. La novela del autor italiano se caracteriza por una mezcla de amor romántico y ardiente patriotismo. Más adelante, este patriotismo dio paso a la resignada contemplación de la antigua gloria de su país, en ese momento dividido y ocupado por ejércitos extranjeros que mancillaban las antes esplendorosas ciudades. Durante esta etapa escribió su obra maestra, Los sepulcros (1807).
El poeta Carlo Porta, que escribió en dialecto milanés, centró su obra en la descripción de la miserable vida de la clase humilde durante la ocupación francesa en tiempos de Napoleón. Así, en sus Poesías en dialecto milanés (1821) condenó, aunque sin una excesiva virulencia, el papel del clero y la nobleza.
Giacomo Leopardi ha sido considerado unánimemente como uno de los poetas líricos más importantes de la literatura italiana. Retirado en su hogar, estudiaba incesantemente y se convirtió en un erudito conocedor de los clásicos griegos y romanos; tradujo obras de ese periodo y demostró un talento especial para la poesía. Sus primeras composiciones, como los poemas “A Italia” y “Al pie del monumento de Dante” fueron de carácter patriótico. Más adelante, un agudo pesimismo se fue adueñando de sus poemas, que publicó bien sueltos bien agrupados en colecciones. La primera edición completa de ellos, los Cantos, apareció en 1831. Su pesimismo quedó plasmado también en numerosos trabajos en prosa, como Opúsculos morales (1827) y Zibaldone (7 volúmenes de publicación póstuma: 1898-1900), y en su voluminosa correspondencia. A pesar de que nunca lo admitió, su introspección, su desolación y su nostalgia le aproximan mucho al romanticismo, aunque, por otro lado, la pureza aristocrática de su estilo y su frecuente recurso a fuentes clásicas le emparentan con el neoclasicismo.
Entre los escritores políticos del Risorgimento destaca el patriota Giuseppe Mazzini, autor que continúa resultando interesante aún hoy en día, y cuyas actividades políticas le llevaron a sufrir la prisión y el destierro. con el estadista Camillo Cavour y el militar Giuseppe Garibaldi, forman la triada de los llamados padres de la unificación italiana.
El nacionalismo, al agotarse, fue dando paso a dos corrientes muy distintas dentro de la literatura italiana del siglo XIX. Por un lado, una corriente regionalista, que exploraba la vida y costumbres provincianas y las presentaba con un estilo realista, a menudo incluso en el dialecto de la zona. La segunda corriente tomó su punto de referencia en la lucha contra el poder temporal del papado. En efecto, los Estados Pontificios, controlados por Francia y utilizados en su propio interés, eran los últimos que restaban para lograr la unidad total de Italia. Así, el nacionalismo de esta segunda tendencia entró en oposición directa con la Iglesia. Este enfrentamiento se resolvió diversamente entre los autores, dependiendo de las inclinaciones personales de cada uno de ellos. Mientras los más radicales expresaron su antagonismo con la Iglesia, los más tradicionalistas retomaron los valores más limpios de los cristianos antiguos, y otros incluso se reafirmaron, a pesar de todo, en su fe.
Entre los autores pertenecientes al último grupo, se debe considerar a Alessandro Manzoni, autor de la obra maestra más famosa de la narrativa italiana del siglo XIX, Los novios (1840-1842). Se trata básicamente de la historia de dos enamorados de clase humilde en lucha contra la opresión y el destino cruel, ambientada en la Italia del siglo XVII, bajo la dominación española. Protegido por la distancia histórica, Manzoni pudo atacar y ridiculizar la opresión extranjera, de todo tipo y periodo, aunque el paralelismo entre los hechos descritos en la novela y la ocupación austriaca de Italia, periodo vivido por el autor, resultó más que evidente. El mensaje universal de la obra, que le ha valido el reconocimiento general, es la necesidad del ser humano de confiar en la divina providencia y no en los planes humanos si se desea el verdadero triunfo del bien sobre el mal. Sus Himnos sacros (1812-1813) pusieron en evidencia la preocupación de Manzoni por la religión, que fue aumentando a lo largo del tiempo hasta marcar por completo sus últimas obras, imbuidas de un fuerte sentimiento piadoso. Antes, sin embargo, su fama se había extendido por toda Europa, con ocasión de la oda El cinco de mayo que escribió a la muerte de Napoleón, y que fue traducida al alemán por Goethe. Escribió, asimismo, dos obras de teatro: El conde de Carmagnola (1820), centrada en la figura de un condottiero (jefe militar mercenario), al servicio de alguno de los distintos estados del renacimiento, y Adelchi (1822), sobre el heredero del último rey de los lombardos. Ambas anticipaban los temas religiosos y patrióticos de Los novios.
La prosa clara y directa de Manzoni no recurre al ornato, propio de la estética neoclásica, que se puede encontrar en las obras de Foscolo y Monti. Su búsqueda de un orden místico que rija la historia, su interés por la edad media y su consciencia de la imperfección y limitación de la vida mortal lo sitúan más próximo al romanticismo. De hecho, su Lettera sul romanticismo defiende este movimiento en oposición a las convenciones del neoclasicismo.
Manzoni mantuvo, asimismo, una profunda preocupación por la lengua italiana. A lo largo de los siglos, el vocabulario básico del italiano de Toscana había ido incorporando términos y expresiones provenientes de otras regiones. Esto había dado como resultado, según el autor, un abultado, confuso y repetitivo vocabulario, de modo que abogó durante todo su periodo creativo por un retorno a la lengua vernácula florentina, tal y como se hablaba entre las clases cultas de la otrora cosmopolita ciudad-estado.
Hacia la mitad del siglo, la influencia de Manzoni y del romanticismo en general sobre la cultura italiana provocó una violenta reacción, que se materializó en el retorno a un clasicismo mucho más profundo que el practicado por Monti. Esta reacción tuvo su principal representante en el poeta Giosuè Carducci, que en sus obras alabó la antigua Roma y la esperanza de Italia unida. Toda su producción fue una defensa de la estética y la mentalidad clásicas, opuestas frontalmente al misticismo romántico y al sentimiento religioso católico. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1906 por el conjunto de su obra, entre la que destacan Levia gratia (1861-1877), Rimas nuevas (1861-1887), Odas bárbaras (1877-1889) y Rima y ritmos (1898).
5.2 Verismo, realismo
La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por la reacción de una parte de los autores italianos contra los estilos neoclásico y, sobre todo, romántico, centrados en el pasado y sus glorias. Los representantes de esta nueva corriente, que rechaza la retórica y el poco realismo de los creadores de los demás movimientos del siglo, defendieron la utilización de la lengua común y un estilo de escritura sencillo, con argumentos basados en experiencias y fenómenos observables en la realidad cotidiana. Los poetas exaltaron esta realidad y la elevaron al rango de verdad. De esta concepción toma su nombre el movimiento, verismo (de vero, ‘verdadero’).
El verismo otorgó una importancia hasta entonces desconocida a la poesía en dialectos regionales. Si bien es cierto que antes se habían escrito obras importantes en dialecto napolitano, como Lo cunto de li cunti (El cuento de los cuentos), de Giambattista Basile, y en milanés, como las obras de Porta, los escritores realistas hicieron de los dialectos un vehículo en la creación literaria. Entre ellos hay uno de gran significación, Giuseppe Gioachino Belli, que escribió en el dialecto de Roma más de 2.000 sonetos, en los cuales describe al pueblo de Roma, sometido al descontrol reinante en la ciudad como consecuencia de la mala administración papal.
En el movimiento verista hubo autores dedicados al teatro, a la narrativa y a la poesía. Uno de los novelistas más destacados fue el siciliano Giovanni Verga, que escribió obras como Los malavoglia (1881) y Maese dón Gesualdo (1889). Escribió también cuentos, entre ellos “Cavalleria rusticana”, que constituyó la base del libreto de la famosa ópera homónima de Pietro Mascagni. En ellos, como en el resto de su obra, Verga llevó a cabo descripciones realistas de la vida humilde, y a veces miserable, de los campesinos de su isla natal, aunque ése sea el telón de fondo para el desarrollo de historias de amor apasionadas y, a veces, imposibles.
Contrario al verismo, pero influido por él, el poeta Giovanni Pascoli escribió textos idílicos con evocaciones de la vida campesina al estilo de las Geórgicas de Virgilio. Su neoclasicismo no contenía elementos anticatólicos sino que, por el contrario, colocó a Dante como modelo por su espiritualidad religiosa. El estilo de Pascoli se caracteriza por la abundante retórica de sus poemas y la libertad en la métrica, que abrió el camino a la utilización del verso libre en la literatura italiana. Otro autor que se opuso al realismo fue el poeta y novelista Antonio Fogazzaro quien, a pesar de ser un católico convencido, estaba a favor de las teorías sobre la evolución de Charles Darwin. En su obra El santo (1905), expuso las formas de una actitud religiosa moderna que le valió la condena de las autoridades de la Iglesia católica. Sus novelas defienden una salida de la crisis moral de la época a través de una revolución social apoyada en los avances de la ciencia. Entre ellas destacan Fantasma (1881), Daniele Cortis (1885) y Piccolo mondo antico (1896), considerada como su mejor obra.
A lo largo de todo el siglo aparecieron numerosos escritores italianos que no pueden clasificarse dentro de ninguno de los movimientos o tendencias principales de la época. Edmondo de Amicis, por ejemplo, se hizo célebre por sus novelas, sus libros de viajes y su trabajo como geógrafo. Una de sus obras más interesante es Corazón (1886), el diario de un imaginario escolar italiano. En Sobre el Océano (1889), Amicis narra el problema de la emigración italiana hacia América, comparando el modo en que viajaban los pasajeros de primera clase con las dolorosas escenas de los emigrantes hacinados en la última clase. En 1891 Amicis se afilió al Partido Socialista. Su obra ha tenido una gran influencia sentimental en América. Carlo Collodi, por otro lado, fue el autor del libro para niños, Las aventuras de Pinocho (1883).
El crítico más influyente del siglo XIX italiano fue, sin duda, Francesco de Sanctis, fundador de la crítica literaria contemporánea en su país. En obras como La literatura italiana del siglo XIX (1897) y, en especial, Historia de la literatura italiana (1871), aplicó con gran lucidez métodos sociológicos y psicológicos a los análisis literarios.
6 Siglo XX
Vista preliminar de la secciónLa literatura italiana del siglo XX muestra una gran variedad de formas y temas. Gran parte de ella refleja las experiencias de los años del fascismo, mientras que, desde el final de la II Guerra Mundial, fue el realismo social el estilo dominante durante años, hasta que fue sustituido por una corriente profundamente introspectiva tanto en la poesía como en la prosa.
6.1 Escritores de transición entre el siglo XIX y el XX
Cón el país definitivamente unido bajo una sola bandera, el intento de expansión territorial hacia las colonias se convirtió en el objetivo primordial de la política italiana en los años que marcaron el cambio de siglo. En la literatura, una vez apagados los fervores nacionalistas, el interés de los autores se desplazó desde los asuntos de tipo social a los de tipo individual. Los autores más representativos de este cambio de siglo se agrupan según diferentes concepciones estéticas.
El más importante de ellos y el que ejerció una influencia más duradera en los ámbitos literarios no sólo italianos sino también europeos hasta bien entrado el siglo fue Gabriele D’Annunzio. Guiado por su aspiración a convertirse en un artista universal, al estilo de los del renacimiento, rompió con los esquemas del neoclasicismo, del romanticismo y del realismo. Así, cultivó la poesía, el teatro y la narrativa, y escribió, incluso, libretos de óperas y arengas patrióticas. Fue un destacado militar y político que, además, cultivó la filosofía, influido por las ideas de los filósofos alemanes Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. Algunas de sus mejores obras són los volúmenes de poemas titulados en su conjunto Laudi (1903-1912), la novela El triunfo de la muerte (1894) y la obra teatral La hija de Jorio (1904). Fue significativa su influencia entre la mayoritaria y permanente inmigración italiana en el Río de la Plata.
Otra importante figura literaria de estos años de transición de un siglo a otro fue Italo Svevo, escritor cuya obra no fue reconocida en vida. Años después, el periodista y novelista francés Valéry Larbaud y el autor irlandés James Joyce fueron los que llamaron la atención de la crítica italiana hacia este autor. La fuerza de su trabajo, que residía en la profundidad y el realismo de sus descripciones psicológicas, se puede admirar en obras como Una vida (1893), Senilidad (1898) y La conciencia de Zeno (1923).
Entre las restantes personalidades literarias del cambio de siglo se pueden citar: Guglielmo Ferrero, interesante historiador de la sociología y destacado opositor al fascismo, cuya obra principal fue Grandeza y decadencia de Roma (1902-1907); el filósofo Giovanni Gentile que, por el contrario, fue un convencido defensor del fascismo a través de libros como Orígenes y doctrina del fascismo (1929) y La filosofía del arte (1931); Matilde Serao, novelista que destaca por sus profundos análisis psicológicos, patentes en El país de Jauja (1891) y La bailarina (1899); y Grazia Deledda, premio Nobel en 1926, cuyas obras, entre las que destacan Elias Portolú (1903) y La madre (1920), retratan de un modo naturalista la vida rural en Cerdeña.
6.2 La literatura anterior a la II Guerra Mundial
Debido en parte a la influencia de corrientes foráneas, en la Italia de comienzos del siglo XX se desarrollaron numerosos movimientos artísticos y literarios cuyo principal nexo de unión era el común rechazo a la retórica y al lirismo en la poesía. El más radical y duradero de ellos fue el futurismo. Su fundador, el poeta Filippo Marinetti, contribuyó a desgarrar el lenguaje y dejarlo reducido a sus esencias. Guiado por la principal de sus ideas estéticas, la de que la literatura del naciente siglo debía reflejar el dinamismo de la industria y la vida contemporáneas, abogó por el uso de un estilo de escritura que emulara la velocidad y la tensión de las máquinas. Fue un activo defensor de la intervención bélica de su país en la I Guerra Mundial y, más tarde, del fascismo.
El más importante de los pensadores de estos primeros años del siglo XX fue el filósofo, crítico literario e historiador Benedetto Croce, cuya influencia se extendió por Italia y por el resto del mundo. A través de su revista bimensual La crítica (1903-1944), así como de sus obras literarias y filosóficas, desarrolló ampliamente las teorías del filósofo italiano del siglo XVIII Giambattista Vico, e insistió fundamentalmente en la importancia de la intuición en el arte y de la libertad en el desarrollo de la civilización. Su idealismo estaba en oposición con las tendencias del momento, fundamentalmente positivistas. Croce defendía el concepto de intelectual comprometido con la vida pública, de ahí su toma de postura, contraria al fascismo. Sistematizó su pensamiento concibiendo una “filosofía del espíritu” que expuso en cuatro volúmenes dedicados, respectivamente, a la estética, la lógica, la economía y la historia, y que aparecieron entre 1902 y 1917. Su autobiografía, publicada en 1918, evidencia su vida, espiritualmente rica y variada.
Además de La critica, hubo otras dos publicaciones periódicas que actuaron como foro de diálogo de los autores italianos de comienzos de siglo. Una de ellas, La voce (1908-1916), dirigido por Giuseppe Prezzolini, contribuyó enormemente a modernizar la cultura italiana, difundiendo ideas procedentes de Francia, Inglaterra y de toda América. Entre los colaboradores habituales de La voce, destaca el pintor y escritor Ardengo Soffici y el filósofo y novelista Giovanni Papini. La segunda de las publicaciones, Ronda (1919-1923), se caracterizaba por una tendencia reaccionaria y una inspiración clásica. De su entorno surgieron Antonio Baldini y Riccarco Bacchelli.
Una figura destacada de las tres primeras décadas del siglo XX fue el novelista y autor teatral Luigi Pirandello, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1934. En sus obras de teatro introdujo elementos innovadores tendentes a acercar al público la interpretación de los actores y establecer una relación más directa entre ambos elementos de la escena. Muchas de sus obras teatrales són dramatizaciones de antiguas historias populares y, por lo general, abordan problemas filosóficos, como el relativismo y las personalidades múltiples, que el autor siciliano pone al descubierto a través de su sutil habilidad para describir la psicología de los personajes y de su chispeante ingenio. También abordó el problema de la emigración en la época de Garibaldi. Sus obras teatrales más famosas son: Seis personajes en busca de autor (1921), Enrique IV (1922), Así es (si así os parece) de 1917 y Esta noche se improvisa (1930), mientras que entre sus novelas destacan títulos como El difunto Matías Pascal (1904).
El triunfo del fascismo, con la consiguiente toma del poder por parte de Benito Mussolini, afectó negativamente a la hasta entonces rica vida literaria italiana. El fascismo fracasó a la hora de crear un tipo de literatura acorde con los principios del régimen en el poder. Los autores más destacados reaccionaron de diferentes modos ante las restrictivas condiciones intelectuales y la limitación de la libertad contenida en la ideología fascista. Muchos de ellos defendieron abiertamente posturas contrarias al régimen. Este fue el caso de Giuseppe Antonio Borghese, que describió la situación de su país en una novela, Goliath, la marcha del fascismo (1937), escrita en inglés y que no fue traducida al italiano hasta diez años después. Del mismo modo, el novelista Ignazio Silone sufrió la censura, se exilió de su país y obtuvo reconocimiento internacional por novelas como Fontamara (1930) y Pan y vino (1936). Benedetto Croce fue obligado a cesar en sus actividades durante el tiempo que duró la etapa fascista, mientras que el periodista y diplomático Curzio Suckert, que escribió bajo el seudónimo de Curzio Malaparte, comenzó trabajando para el Gobierno, en su cargo de alto funcionario, pero acabó renegando de Mussolini. Así, su obra más poderosa, Kaputt (1944), describe la degeneración moral y cultural de la Europa dominada por el fascismo.
6.3 Literatura posterior a la II Guerra Mundial
Después de la II Guerra Mundial, una gran cantidad de autores italianos alcanzó fama universal.
6.3. 1 Poesía
Giuseppe Ungaretti, que ocupa, junto a Eugenio Montale, un lugar preeminente dentro de la literatura europea del siglo XX, publicó un primer libro de poemas, El puerto sepultado (1916), que marcó un resurgimiento de la poesía italiana. Sus obras, caracterizadas por un sorprendente uso del vocabulario y por una gran habilidad para crear vívidas imágenes de inusual intensidad lírica, fueron recopiladas en un solo volumen titulado La vida de un hombre (1942-1961), que contiene, entre otros, los poemas de los libros Alegría de naufragios (1919), Sentimiento del tiempo (1933) y La tierra prometida (1950).
Los poemas más importantes de Eugenio Montale, en cambio, se encuentran reunidos en tres volúmenes titulados respectivamente Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939) y El vendaval y otras cosas (1956). Su lírica, por la que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, resulta a veces extremadamente concisa y hermética y contiene una ácida e inteligente crítica de la vida que, en ocasiones, la tiñe de pesimismo.
Salvatore Quasimodo es otro de los poetas destacados de estos años. Sus obras, entre las que se cuentan Y enseguida anochece (1942), Día (1942), La vida no es sueño (1949) y Dar y tener (1966), revelan una apasionada y lírica conciencia de la condición trágica de nuestra época. En 1959 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
6.3. 2 Narrativa
Pocos años después del final de la guerra apareció en Italia un nuevo tipo de realismo ligado, en especial, al cine, que através ó un periodo de creatividad antes desconocido, hasta el punto de que empujó a la crítica a acuñar un término nuevo para describirlo: neorrealismo. Entre las figuras literarias que se adscribieron a ese importante movimiento se encuentran Carlo Levi, que expuso los sufrimientos de los campesinos de sur de Italia en su conocida novela Cristo se detuvo en Éboli (1946); Elio Vittorini, autor de Conversaciones en Sicilia (1938-1939); y Vasco Pratolini, que escribió Crónicas de pobres amantes (1947). Otras destacadas personalidades de las letras de este periodo fueron Mario Soldati, conocido por su obra Cartas de Capri (1954); el poeta, ensayista y narrador Cesare Pavese, autor de Entre mujeres solas (1949), El diablo entre las colinas (1949) y La luna y las fogatas (1950); y Vitaliano Brancati, agudo crítico de la sociedad siciliana, como dejó patente en El bello Antonio (1949). Hubo, además una novela aclamada unánimemente y que dio origen a la película dirigida por Lucchino Visconti con el mismo título, El gatopardo. Escrita en 1958 por Giuseppe Tomasi di Lampedusa, se desarrolla en la Sicilia rural, desde el desembarco de las tropas garibaldinas hasta el final del siglo XIX.
Alberto Moravia es, quizá, junto a Pirandello, el escritor italiano moderno más conocido. Autor de novelas y relatos cortos en los que narra situaciones humanas contemporáneas, escribió en una prosa realista e impactante sobre los dilemas morales de hombres y mujeres atrapados en situaciones complicadas tanto social como emocionalmente. Su obra más conocida es La ciociara (La campesina, 1957), la historia de una madre y una hija en la Italia desgarrada por la guerra, llevada al cine por Vittorio de Sica e interpretada por Sofía Loren. Otro filme exitoso de Vittorio de Sica se basó en la novela de Giorgio Bassani, escrita en 1962, El jardín de los Finzi-Contini, que narra los avatares de una familia judía de Ferrara, ciudad natal del autor, durante los años del fascismo. Otro de los novelistas más destacables de la posguerra, Dino Buzzatti, escribió textos alegóricos entre los cuales destacan la novela El desierto de los tártaros (1940) y la obra teatral Un caso clínico (1953). Elsa Morante, cuya narrativa contiene elementos épicos y místicos, fue la autora de Mentira y sortilegio (1948), la vida de una familia del sur de Italia, y de La historia (1974), que describe la odisea de una pequeña familia formada por una madre asustada, un muchacho y un niño en la Roma de la II Guerra Mundial. Natalia Ginzburg, poeta y novelista, se ganó el reconocimiento de la crítica por su sensible aproximación a las mujeres y los niños de la Italia de su tiempo, relegados a papeles estereotipados dentro de las familias; entre sus obras destacan Las voces de la noche (1961) y Léxico familiar (1967). Primo Levi ejerció la profesión de químico y comenzó a dedicarse por completo a la literatura a partir de 1977. Además de las memorias de su estancia como prisionero en el campo de concentración nazi de Auschwitz durante la guerra, escribió El sistema periódico (1975), un conjunto de ensayos autobiográficos en los que utilizaba la química como metáfora de la vida. Umberto Eco, profesor de semiótica en la universidad de Bolonia, aunó sus estudios de semiótica con un apasionado interés por la historia en novelas como El nombre de la rosa (1980), una narración detectivesca ambientada en una abadía medieval que se hizo famosísima en todo el mundo. Italo Calvino, autor de El baron rampante (1957) y Las cosmicómicas (1965), alcanzó también gran popularidad con sus últimas obras, Si una noche de invierno un viajero (1979) y Palomar (1983). La idea central de esta novela es que cualquier intento por comprender la situación del ser humano está condenado al fracaso. Leonardo Sciascia escribió en 1977 una versión contemporánea de Cándido, la obra satírica de Voltaire, que Sciascia convierte en la historia de un huérfano siciliano rechazado por el mundo.
La búsqueda experimental de la década de 1950 y la experiencia de la neovanguardia (que de algún modo encontró expresión en el cambio marcado por mayo de 1968) registran algunas etapas importantes: el experimentalismo de revistas como Officina(1955-1958), con Francesco Leonetti, Pier Paolo Pasolini, Roberto Roversi, Franco Fortini, Angelo Romanò, Gianni Scalia, e Il Menabò (1959-1967), con Vittorini y Calvino; la neovanguardia del Grupo del 63, que se proponía redefinir la relación entre literatura y público; Pier Paolo Pasolini, poeta, narrador y cineasta, que estudió y elaboró los compromisos lingüísticos –propios del neorrealismo- entre lengua y dialecto; Franco Fortini, poeta y ensayista; el experimentalismo expresionista de Giovanni Testori y de Stefano D´Arrigo (1919); la prosa de Antonio Pizzuto, en la cual se pone en entredicho el proceso narrativo; el caso singular de Luigi Meneghello; la escritura de vanguardia de Edoardo Sanguineti; los poetas-prosistas de la neovanguardia Elio Pagliarani, Alfredo Giuliani, Antonio Porta, Nanni Balestrini; las provocadoras ficciones de Giorgio Manganelli; y los inagotables artificios de Alberto Arbasino.
En cuanto a la lírica, la situación es rica y compleja: coexisten una línea en la que prevalece un vínculo más directo con las cosas y un lenguaje más tradicional y una línea más moderna y de tendencia hermética, que tiene sus modelos en Ungaretti y Montale. A la primera pertenecen poetas como Carlo Betocchi (1899-1986); Sandro Penna y su naturalidad en el tratamiento de las relaciones homosexuales; Attilio Bertolucci; Giorgio Caproni y, de algún modo, Giovanni Giudici. A la segunda, poetas como Mario Luzi y Vittorio Sereni.
Luciano Anceschi ha señalado también una “línea lombarda”, que comprende a poetas ligados a Milán y que se inician en la posguerra, como Giorgio Orelli, Nelo Risi, Luciano Erba, Bartolo Cattafi. En la misma tendencia se han incluido poetas más jóvenes como Giancarlo Majorino, Giovanni Raboni, Tiziano Rossi y Maurizio Cucchi. Entre las figuras más importantes de la poesía dialectal figuran Ignazio Buttitta y Tonino Guerra.

EL ITALIANO FORMAL ACTUAL
Caracteristicas del italiano en comparación con otras lenguas
Respeto por los dialectos

LOS DIALECTOS ACTUALES EN ITALIA
Una división dialectal de Italia sería la línea que se aproxima a los Apeninos septentrionales, estando al norte de dicha línea el piamontés, lombardo, veneciano, etc. y al sur el toscano, umbro, napolitano, calabrés y siciliano. A pesar de la homogeinización de la lengua normativa por los medios de comunicación, la mayor parte de los dialectos están muy vivos y muchos italianos usan la lengua en dos niveles socio-lingüísticos: el dialecto local en la familia y entre amigos y el italiano normativo en las demás ocasiones formales.
Así podríamos dividir lingüísticamente a Italia:
grupo central: toscano, marquesano, umbro.
grupo meriodional: romanesco, abruzés, apuliano, napolitano, salentino, lucaniano, calabrés, siciliano.
grupo septentrional o altoitaliano: piamontés, lombardo, veneciano, genovés, emiliano-romañol. A este grupo también se le denomina galoitálico, aunque este apelativo se presta a confusión pues el sustrato gálico también afecta al ladino dolomita y, fuera de Francia, al francés, franco-provenzal y al provenzal.
El dálmata es una lengua romance extinguida y considerada el puente entre el italiano y el rumano y el representante de un conjunto de lenguas romances que se han perdido. En la costa de Dalmacia, concretamente en las islas croatas de Krk, Cres y Rab y, más al sur, a lo largo de la costa adriática de Croacia, al menos en las poblaciones de Zadar, Trogir, Split y Dubrovnik (y posiblemente en alguna más), así como en Kotor (Montenegro), se habló una lengua romance que en el siglo XVI era le lengua oficial en Ragusa (Dubrovnik), antes de que el croata se impusiera definitivamente.
No se sabe hasta qué punto esa lengua era diferente de la lengua de Venecia y los únicos testimonios que han quedado de la lengua són los del último hablante de la misma, Antonio Udina Burbur, muerto el 10 de junio de 1898 a los 77 años de edad 1898 por una explosión en la isla Krk, en la costa de Istria, quien había aprendido la lengua oyéndola de sus padres, quienes la usaban de forma secreta. El lingüista Matteo Giulio Bartoli, que lo había visitado en 1897, anotó varios miles de palabras directamente de los labios de Burbur (relatos de su propia vida y de su gente, anécdotas, canciones, listas de palabras y frases, etc.) y, posteriormente, los plasmó junto a su traducción al italiano en su libro (1906), al que añadió gran cantidad de información sobre todo lo conocido acerca de la historia de la lengua y un informe de su fonología, gramática y léxico.
El problema es que debido a los contactos de Burbur con friulianos y con venecianos queda una sombra de duda respecto a la genuinidad de su conocimiento de la lengua, aparte de que en el momento de la investigación había perdido los dientes, lo que no asegura que su pronunciación fuera óptima.
No obstante hay algunos testimonios antiguos de la lengua, aunque muy pobres y escasos y ninguno con categoría literaria. En un testamento del siglo X, recogido por Giovanni Lucio en su Historia di Dalmazia el in particolare di Traù, Spalato e Sebenico, Venezia, 1674, se encuentran algunos elementos dálmatas, pero el texto está redactado en latín en su totalidad.
En un inventario raguseo de 1280 hay numerosas palabras de carácter netamente dalmático, pero se trata de una lista de palabras aisladas del tipo: mataraço I bono fornit coltreçca I. cactali II forniti para de linçoli III noua et linçol I plumato, etc. Los más antiguos textos orgánicos del dalmático són dos cartas zaratinas del siglo XIV (1325 y 1397).
En la primera, cierto Todru de Fomat de Zara se dirige al honorable Ser Pon, canciller de Ragusa, para defender a su hijo Francisco, que había sido convocado ante el tribunal de Ragusa por una pretendida deuda. He aquí los primeros renglones:
'A ser Pón unuriuol canceler de Ragusa, Todru de Fomat d'Çara saluduui cun oni uostro unur. A mi fo ditu qui lu frar d'maistru Nicola Murar si dimanda rasun nanti la curti de Ragusa contra Franciscu, meu fiol de s. XX de g'r li qual auia dat maistru Nicola a Franciscu p. dur li a mi. Undi posu dir cun oni uiritat quil ar frar de maistru Nicola num fe-ço quil diuia e fe vilania a far tal dimandasun a Fraticiscu: qui plu unur era so di mandar a mi una litera dimandandumi qui e di quili s. XX d'g'r, quil manda maistru Nicola p. Franciscu, e s-eu nu li auisi ditu la uiritat, poi nu ti mancaua a di(man)dar d'Fraticiscu. Ma eu si lu do a sauir a uoi...'
En la segunda carta, de 1397, enviada de Ancona a Zara, el texto es más claro. La reproducimos entera:
'Al nome de Diu amen; 1397 de lulu. Item anchora facuue a sauiri ch'eu 'n uiaiu (che nu iaiu) sichirisi per fortuna in Anchona. Pare me charisimu facuue a sauiri che parun del nauiliu Aligiritu nón é pagatu del nolu, perchì nón potì chatar di.nari di pagar lu nolu, salu' àno abudi duhati in pireçencia di Polu Dobirovacu. Saldada la raçun in pireçencia di Polu Dobirovacu, resta-i dar duchati X: pireguue daçi tigi. Vostiru fiol Firancisch saluta in Anchona. A Ser Cholane de Fanfona, dada a Çara.'

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EL CORSO, EL SARDO, EL FRIULIANO
Desarrollar cada uno
El friuliano está más cerca del italiano que las otras lenguas retorromances, pues el Friuli es una región asociada con Venecia históricamente. La lengua ha tenido una literatura floreciente desde el siglo XVI y la comunicación entre las variedades dialectales es comprensible.
Los primeros testimonios del friuliano, que se remontan al siglo XIV, són ejercicios de traducción al latín y proceden de la escuela notarial de Cividale. También de Cividale, aunque de finales del siglo XIV, proceden los primeros textos poéticos, dos baladas enmarcadas en la tradición de la lírica cortesana provenzal. Tal vez la más antigua sea la lírica Piruç myó doç inculurit, escrita al anverso de un acta notarial extendida el 14 de abril de 1380, probablemente por la misma mano que escribió el acta. La primera estrofa dice:
'Piruç myó doç inculurit
quant yo chi vyot dut stoy ardit,
Per vo mi ven tant ardiment
e sì furç soy di grant vigor
ch'io no crot fa dipartiment
mai del to doç lial amor
per manaço ni per timor
çi chu nul si metto a strit.
Piruç myo doç...'
Otro documento de finales del siglo XIV es un abalada en el dialecto de la llanura entre Udine e Isonzo, en el cual una muchacha (dumlo < domn(u)la, dominula, diminutivo de domina) relata, de forma dialogada, sus citas de amor con un mozo (infant < infante(m). Comienza así:
'E la fuor del nuestri chiamp
Spes jo me chiat un biel infant...'
'Y allí fuera de nuestro campo,
a menudo me encuentro con un guapo mozo...'
El uso literario del dialecto comienza en el siglo XVI, cuando Udine se convirtió en el principal foco cultural y promovió su lengua vernácula para convertirla en modelo de lengua literaria.
Hay una comunidad de hablantes friulianos que vive en Rumania en la región del delta del Danubio, quienes viven allí desde el siglo XIX. Como la relación con otras variedades retorromances es débil, muchos lingüistas le niegan esa conexión y lo sitúan entre los dialectos del Véneto.
Pueden identificarse tres sub-variedades, si bien todas ellas comparten los principales rasgos lingüísticos:
friuliano central, la variedad más extendida, de uso en la zona que incluye la capital, Udine.
friuliano occidental, al oeste del río Tagliarnento, la variedad más innovadora, debido a su contacto tan cercano con el veneciano.
friuliano cárnico, la variedad más conservadora, localizada en la zona septentrional (alpina) de Friul.
La lengua sarda es una lengua romance independiente que se ha desarrollado de una forma peculiar al estar enclavada en una isla aislada del continente. Durante la dominación romana fue usada como lugar de encarcelamiento para criminales reincidentes, pasando a formar parte de Bizancio posteriormente, tras lo que cayó en manos musulmanas de donde fue conquistada por la Corona de Aragón, razón por la cual hasta el día de hoy hay un enclave de habla catalana en el puerto de Alghero. En el siglo XVIII la isla se integró en Italia.
El dominio español duró en Cerdeña casi cuatro siglos (de 1327 a 1720); los conquistadores de Cerdeña fueron aragoneses y llevaron a la isla el catalán, pero al lado de esta lengua se fue introduciendo el castellano, especialmente en los centros del Sassarese y de la Gallura. Hasta 1764, el español fue la lengua oficial de los tribunales y las escuelas. Muchos autores sardos escribieron en español y catalán. Es natural, pues, que el español y el catalán dejaran en Cerdeña huellas mayores que cualesquiera que se encuentren en otras partes de Italia, sometidas menos tiempo y menos intensamente a la dominación española.
Antes de la dominación romana se habló en la isla una lengua o lenguas a las que se ha denominado con el apelativo de paleosardo, de cuyo testimonio hay un número de palabras que tienen elementos en común con el vasco y con el ibérico, aunque otras están relacionadas con lenguas bereberes.
Los primeros textos són del siglo XI, si bien la falta de obras literarias con la suficiente categoría, la marcada diferenciación dialectal y la subordinación de las variedades sardas a las diferentes lenguas de los invasores extranjeros explican el hecho de que nunca haya existido una lengua estándar. No obstante, Cerdeña es el lugar que ofrece la cosecha más abundante de textos antiguos en lengua vulgar, en lo que a Italia se refiere. Tal vez la razón se deba a que en la isla hubo poco conocimiento del latín y mucho menos del griego, por lo que la mayoría de documentos oficiales, para ser entendidos, había que redactarlos en sardo.
A pesar de esa abundancia y antigüedad de los textos, la mayoría tienen alto valor lingüístico e histórico-jurídico pero casi ninguno literario. El de abajo es un ejemplo de privilegio logudorés que se remonta a 1080-1085:
'In nomine Domini amen. Ego iudice Mariano de Lacón fazo ista carta ad onore de omnes homiones de Pisas pro xu toloneu ci mi pecterunt: e ego donolislu pro ca lis so ego amicu caru e itsos a mimi; ci nullu imperatore ci lu aet potestare istu locu de nón (n)apat comiatu de leearelis toloneu in placitu: de nón occidere pisanu ingratis: e ccausa ipsoro ci lis aem leuare ingratis, de facerlis iustitia imperatore ci nce aet exere intu locu. E ccando mi petterum su toloneu, ligatorios ci mi mandarum homines ammicos meos de Pisas, fuit Falceri e Azulinu e Manifridi, ed ego fecindelis carta pro honore de xu piscopu Gelardu e Ocu Biscomte e de omnes ammicos meos de Pisas; Guido de Uabilonia e ILeo su frate, Repaldinu e Gelardu, e Iannellu, e Ualduini, e Bernbardu de Conizo, Francardu e Dodimundu e Brunu e rRannuzu, Euernardu de Garlictu e tTotnulu, pro siant in onore mea ed in aiutoriu de xu locu meu. Custu placitu lis feci per sacramentu ego e domnicellu Petru de Serra, e Gonstantine de Azzem e Uoso Ueccesu e Dorgotori de Ussam e nNiscoli su frate (en)Niscoli de Zor(ie) Mariane de Ussam...'
La lengua cuenta con 1.600.000 hablantes, es decir alrededor del 70 % de la población de la isla. En 1989 el 31,6% de sus habitantes usaban sólo el italiano con la totalidad de los miembros de su familia y un 54,4% afirmaba que utilizaba exclusivamente o principalmente el italiano fuera de la familia.
El sardo se subdivide en cuatro principales variedades:
Logudorés, hablado en el centro de la isla, en la región del Logudoro. Subdividido a su vez en tres variantes: meridional o nuoresa, central y septentrional.
Campidanés, en la parte meridional (Campidano).
Galurés, en la parte nororiental (Gallura).
Sasarés, en la ciudad de Sassari y alrededores.
No todos los dialectos que se hablan en la isla se clasifican como sardos pues posiblemente el galurés y el sasarés sean más corsos que sardos, al haber perdido el artículo determinado derivado de ipse. Tal vez fueron llevados allí por refugiados corsos que huían de las vendettas de aquella isla.
Posiblemente el dialecto prototipo de la lengua sea el logudorés, pues al campidanés se le considera más asociado al italiano. No hay una normativa aglutinante que sea capaz de unificar el desarrollo de la lengua, que por otra parte no tiene estatus oficial.
El proceso de latín ización de Córcega comienza tras la Primera Guerra Púnica, en el siglo III a. C. Poco se conoce acerca de la situación lingüística anterior a esa fecha: se conserva un escaso número de nombres de lugares (cala, calanca, cucca y también corse-, terreno empinado, raíz que presuntamente da nombre a la isla) que han sido atribuidos a un sustrato "mediterráneo", junto a otras pocas palabras, entre las que se incluyen talavellu o tarabucciu ('narciso'), caracutu ('sagrado').
Durante el período romano, Córcega y Cerdeña estuvieron, durante varios siglos, unidas política y lingüísticamente; sin embargo, a partir del siglo VIII, empezó a surgir una variedad de habla corsa distintiva. Mientras que Cerdeña evolucionó dentro de un cierto aislamiento para más tarde poner sus miras en España, Córcega estaba abierta al italiano, sobre todo a las influencias toscanas que se dejaban sentir, con más intensidad al norte que al sur, en la isla.
Debido a la ausencia de cifras oficiales censadas, tan sólo podemos hacer una aproximación al número de hablantes de corso. Tan sólo en Córcega, probablemente residan entre 120.000 y 150.000, aunque también hay hablantes que viven fuera de la isla, sobre todo en Francia continental. Tal como ocurre en Francia, la única lengua oficial es la francesa, y las peticiones actuales para reconocer al corso como lengua oficial chocan con la negativa francesa a firmar el Estatuto Europeo sobre Lenguas Minoritarias.
Dentro del seno de la Iglesia Católica Romana la celebración de servicios en corso no es muy habitual, aunque tanto la liturgia como el Nuevo Testamento están traducidos. Si las familias así lo desean, en bodas y funerales se pueden cantar los himnos en corso, pero el texto litúrgico y el sermón se celebran siempre en francés
Los dialectos de Córcega están estrechamente ligados con los dialectos toscanos del centro-sur de Italia y se dividen en dos secciones cuyos territorios están separados por la cadena montañosa que atraviesa la isla de noroeste a sudeste (se acostumbra llamar 'cismontano' al dialecto del nordeste y 'ultramontano' al del sudoeste).
En el sur del Tirol, en la zona del Alto Adige, vive un pequeño número de hablantes de variedades retorromances denominada ladino dolomita. En los valles de los Dolomitas y rodeados de población germanófona retienen su lengua, que ahora tiene reconocimiento social como lengua independiente. De estas variedades no existen formas escritas hasta el siglo XIX.
La lealtad de los hablantes de ladino dolomita estuvo en el pasado de parte de Austria más que de Italia y en la Segunda Guerra Mundial se decantaron por Alemania. Sin embargo, tras la guerra la región siguió siendo italiana aunque con un grado de autonomía. Actualmente la región vive del turismo, al ser una zona de gran belleza natural. La lengua se enseña en las escuelas primarias, aunque en una versión diferente en cada valle, sin que haya intentos de unificar dichas variedades.
Es evidente que el hecho de denominar a esta lengua con el término ladino no ha de inducirnos a error al confundirla con el denominado ladino o judeo-español, el habla de los judíos sefarditas
El número total de hablantes ronda los 30.000, prácticamente bilingües en su totalidad en italiano (Trento y Belluno) o alemán (Bolzano), o trilingües en ambas lenguas. Se dispone de un buen número de libros de texto de introducción a la misma. También existen muchas y buenas gramáticas descriptivas, diccionarios y análisis lingüísticos de la lengua. Hay dos periódicos, Die Dolomiten, en alemán, y el Alto Adige, en lengua italiana, que incluyen una página escrita en alguna de las variedades de ladino.
También hay dos publicaciones que actúan como fuentes de información sobre aspectos académicos, actividades políticas y asuntos sociales: se trata de Mondo Ladino, editada por el Istitut Cultural Ladin (Fassa, Trento), principalmente en lengua italiana, y Ladinia, editada por el Istitut Ladin (Val Badia, Bolzano), escrito en alemán en su mayor parte.
Se dividen en dos regiones y tres provincias administrativas: Val Gardena y Val Badia (en la provincia de Bolzano) y Val di Fassa (provincia de Trento), en la región del Trentino-Alto Adigio, y Livinallongo y Ampezzo, junto con el colindante Comelico (provincia de Belluno), en la región del Véneto. Nunca ha existido un núcleo lo suficientemente poderoso como para producir algún tipo de lengua común.

FUENTES CONSULTADAS
WWW.PROEL.ORG

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